El poder de la palabra hablada —Parte 2

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Como un viejo caballo que jala una carreta

Sin duda, toda palabra nos afecta, pero son nuestras propias palabras las que influyen más en nosotros. Ya digamos nuestras declaraciones en broma o en serio, nuestras palabras tienen impacto. El subconsciente no tiene sentido del humor. No distingue entre referirte a ti mismo en broma como "tonto" y pensar realmente que lo eres. El subconsciente es como un viejo caballo que jala una carreta, para él un "¡arrea!" quiere decir "ponte en marcha". El caballo no sabe si le están dando esa orden en broma o en serio. Todo lo que el caballo sabe es que cuando oye esas palabras, ese es el momento de obedecer.

Las palabras son espejos

Las palabras que usas reflejan tu estado de conciencia, pero ellas son más que eso. Ellas son la verdadera causa de mantener esa conciencia. Por lo tanto, si te dices: ''Te metiste otra vez en un enredo. No sirves realmente para nada", no sólo afirmas tu manera de sentir en el presente de ser inservible, sino que estás estableciendo la norma de tu estimación para el futuro. Las palabras de hoy se vuelven la realidad del mañana.

El constante lamento, por ejemplo, en medio de una recesión económica: "Realmente estoy preocupado acerca de mi dinero. Sé que me van a dejar cesante y voy a perderlo todo" es dejar que tu pensamiento permanezca en carencia y miedo. Tales palabras cristalizan tus pensamientos negativos, pero aún más que eso, por ser cocreador con Dios, las palabras que hablas dirigen el poder creativo de la Mente Infinita.

Dios no tiene manos, pies, cuerdas vocales, ojos u oídos, pero tú si los tienes, y das forma a tu mundo físico con esos atributos. Sin embargo, Dios trabaja contigo. Habiéndote dado libre voluntad, Dios está dispuesto a llevar a cabo cualquier plan que tengas para ti. Por lo tanto, eres cocreador con Dios. Cocreas tu mundo al unir tu mente con la Mente Divina. Ese vínculo se establece por medio de tus palabras. Ellas dicen a Dios, la inteligencia Última y Creadora, exactamente lo que tú deseas.

Si quieres prosperidad y abundancia en tu mundo, habla sólo palabras de prosperidad y abundancia. Si deseas paz en tu mundo, habla sólo palabras de paz.

Si quieres amor en tu mundo, habla sólo palabras de amor. (El poder del láser yace en su coherencia —todas las partículas de luz están sincronizadas ¡todas viajan exactamente en la misma dirección!)

Esto no niega el hecho de que hay menos que abundancia, paz y amor en tu mundo. Al contrario, es declarar al universo y a ti mismo exactamente lo que deseas.

Solo versus sinfonía

Conociendo la potencialidad poderosa que toda palabra hablada encierra, puedes suponer la potencialidad aún mayor inherente en las palabras habladas en concierto, palabras habladas en conjunto por grupos. 

Así como la ejecución de una bella pieza de violín le da más poder que pensar meramente en ella, las palabras se vuelven más poderosas cuando se hablan en voz alta. Ya sea un solo de violín o  palabras, los oímos y sentimos, y nos envolvemos emocionalmente en ellos.

¡Cuánto más emoción y poder surge cuando el violín se une a una orquesta sinfónica completa!, y cuánta más emoción y poder surgen cuando hablamos la palabra con otros, cuando un grupo del mismo parecer afirma una declaración de verdad con pasión e intensidad. Una nueva y aún mayor dimensión de energía y poder se genera a medida que el grupo habla juntamente como una gran alma. Qué fuerza fenomenal se crea. Es como si un grupo de láseres se juntaran y se volvieran un rayo láser enorme. Las palabras habladas de ese modo pueden tener efectos asombrosos.

Como un grupo, podemos hablar palabras de curación, consuelo, paz, armonía o lo que deseemos —para un individuo en el grupo, para todo el grupo, o para un individuo o grupo en algún otro lugar. (El tiempo y el espacio no son factores cuando hablamos palabras positivas para otros. La palabra hablada es tan poderosa que atraviesa la distancia y el tiempo de un modo que la ciencia todavía no puede explicar enteramente.)

Tus palabras, tu vida

Hay un relato maravilloso sobre un sabio maestro de la verdad que caminaba con sus estudiantes a través de un bosque cuando se encontraron con el cadáver parcialmente descompuesto de un ciervo. Los estudiantes intentaron proteger a su maestro de ver un cuadro tan repulsivo y trataron de alejarlo del cadáver. Pero el maestro no quiso cambiar su dirección. Cuando llegó al ciervo, lo miró cuidadosamente y dijo: "Oh, qué hermosos cuernos".

Él eligió mirar más allá de lo obvio y expresar lo hermoso. Él no se detuvo a observar el cadáver descompuesto, sino más bien se detuvo a mirar los magníficos cuernos. Por lo tanto, sus palabras no fueron de rechazo, sino de encanto. Nosotros podemos hacer lo mismo con nuestras vidas. Podemos, desde luego, encontrar suficiente fealdad alrededor de nosotros si deseamos buscarla, pero hay, además, abundancia de belleza, ¿Cuál deseas en tu mundo? Las palabras que hablas determinan lo que habrá.