El poder de la palabra hablada—Parte 1

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Cada vez que hablas, influyes en tu mundo. O lo formas o lo derrumbas.

Las palabras pueden matar o curar.

“Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.—Mateo 12:37

Nuestro pequeño planeta gira alrededor de su eje, y otro día nace en nuestro hemisferio. La tierra y el mar se tienden hambrientamente para recibir los cálidos rayos del sol, que han estado esperando por su llegada. Los rayos del sol son absolutamente universales en su esplendor. Ellos brillan en todas las direcciones, inundando todo en su camino, iluminando todo campo.

Las bombillas hacen lo mismo. Sus rayos viajan en toda dirección inmediatamente, alumbrando indistintamente toda el área. Hasta un pequeño fósforo encendido en la obscuridad enviará sus oscilantes rayos en toda dirección.

Así sucede con cualquier luz convencional. El único modo de dirigir luz tan casual y difusa es con pantallas, espejos y prismas, pero aun así, las partículas de luz todavía quieren salir en todas las direcciones. Por eso es que hasta el proyector de luz más enfocado aún alumbrará las áreas cercanas, y la luz se difundirá notablemente mientras más lejos se extiende de su fuente.

La luz láser es diferente. Ella es "luz coherente". Mas bien que dispersarse en todas las direcciones, las partículas de luz se sincronizan unas con otras; todas van exactamente en la misma dirección. Esto aumenta su poder enormemente. ¡La luz de una fuente tan coherente es lo bastante poderosa para hacer un agujero a través de un pedazo de acero! No es de extrañarse que los láseres sean de uso tan común en la industria.

La luz láser también puede ser "domada" suficientemente para ser usada en la cirugía que requiere gran precisión por ejemplo, para volver a unir la retina de un ojo humano. La luz láser es extraordinaria, su foco es increíblemente preciso y su efecto es particularmente poderoso.

El filo cortante de las palabras

Las palabras son los láseres del pensamiento humano. Los pensamientos, cuando se expresan en palabras, se sincronizan unos con otros, en vez de dispersarse en todas las direcciones. Todos van en la misma dirección, y esto aumenta su poder casi de manera increíble.

De hecho, las palabras son pensamientos que unimos para volverse "pensamiento coherente". Antes de que podamos hablar lo que pensamos, debemos hacer que nuestros pensamientos sean más cohesivos y coherentes. (¿Cuántas veces has oído a alguien decir o has dicho tú mismo: "Estoy tratando de organizar mis  pensamientos"?) Al organizar nuestros pensamientos, ellos adquieren poder adicional. Como el láser, pero aún con mayor potencia, nuestras palabras pueden crear o destruir.

Las palabras se convierten en carne

Es verdad que los pensamientos son supremos como moldeadores de nuestro mundo. Ellos inician todos los cambios. Pero algo más sucede cuando ponemos nuestros pensamientos en oraciones, cuando hablamos la palabra. Esto establece vibraciones potentes en nuestros cuerpos. El hablar, oír y sentir nuestros pensamientos causa una mayor impresión en nosotros que meramente pensarlos. Las palabras nos incitan a acción. Cuando declaramos nuestros pensamientos, cuando hablamos, todos los átomos del cuerpo responden al sonido de nuestras voces. No solamente oímos lo que decimos, sino que realmente sentimos lo que decimos.

Toda palabra, por lo tanto, tiene un efecto. La intensidad del efecto depende de la intensidad del pensamiento y el sentimiento detrás de la palabra y la manera en que la palabra sea hablada.

Un ejemplo obvio y muy básico de esto es el hecho de que las palabras tranquilizadoras crean la liberación de substancias químicas "tranquilizadoras" en el cuerpo. Esto es verdad no sólo para el que las habla, sino también para el que las escucha. Las palabras coléricas, por otra parte, causan la liberación de substancias químicas dañinas, substancias que causan una reacción de "pelear o huir". De nuevo, esto sucede no sólo en la persona que habla las palabras coléricas, sino en la persona a quien son dirigidas. Esto es un hecho científico probado y mensurable.

Aun sin la prueba científica, sabemos que eso es verdad. Si alguna vez has hablado palabras calmantes a un niño asustado, o recuerdas haber oído tales palabras, sabes del poder que tienen los pensamientos amorosos expresados en palabras. A la inversa, si alguna vez has hablado o te han hablado severamente, conoces el poder de los pensamientos coléricos expresados en palabras.

Es conocimiento común que hablar palabras tranquilizadoras de amor y aliento a las plantas las hace crecer más rápida y frondosamente; y que las palabras duras y odiosas dichas con vehemencia tienden a marchitarlas. Si nuestras palabras pueden tener tal impacto en las plantas, ¡imagina el impacto que tienen en nosotros! Toda palabra que hablamos está saturada de energía que creará o destruirá. Somos responsables de "toda palabra inútil" que hablamos, porque ella manifiesta según su género. En cierto modo, la palabra se vuelve carne y permanece entre nosotros, en nosotros y como nosotros. No podemos menos que llegar a ser lo que decimos que somos. Mientras más resuelta e intensamente hablamos la palabra de quiénes y qué somos, con más seguridad nos aproximamos a llegar a ser lo que decimos. Si acaso aceptamos las palabras que otros dirigen a nosotros. Si hacemos sus palabras las nuestras, luego nos moveremos en esa dirección también.