El Poder de la Empatía

El Poder de la Empatía
por Judith Orloff, M.D.

 

Como médico y sanadora empática, los pacientes frecuentemente vienen a mí deseando mejores relaciones personales. Ellos desean más armonía, confraternidad y comunicación con otros; sin embargo, la rabia, el resentimiento y la frustración con frecuencia interfieren. O, como les ocurre a muchas personas, se quedan estancados por querer tener la razón. Unos de los retos que los seres humanos enfrentan, tanto personal como globalmente, es cómo llevarse bien con los demás.

La empatía provee una solución poderosa para comunicarnos aun hasta con las personas más difíciles. Es la clave para la comunicación compasiva, y derrite las barreras que previenen que amemos. Su Santidad el Dalai Lama dice que “la empatía es la más preciosa de las cualidades humanas”. La empatía es la habilidad de ponerte en el lugar de alguien, incluso cuan-do no estás de acuerdo con su punto de vista. Gracias a ella, puedes sentir el dolor o el gozo de alguien y comprender cómo la persona se está sintiendo. ¿Cómo nos ayuda? Llevándonos a un lugar más alto. Permitiéndonos percibir las similitudes y la humanidad que compartimos con los demás, en vez de que las diferencias nos separen o hagan del ser amado un enemigo. Cuando actúas partiendo de un sentimiento proveniente del centro de tu corazón, en vez del juicio o la rabia, otros se vuelven más receptivos y menos rígidos en sus puntos de vista. Entonces es mucho más fácil encontrar puntos afines.

UN PUENTE HACIA EL CORAZÓN

En un nivel emocional básico, cada uno de nosotros desea sentirse seguro, escuchado y no juzgado. La empatía permite que encuentres un lugar amable en tu corazón para construir un puente hacia el corazón de otro, un impulso que puede proporcionarte sanación. Por ejemplo, puedes decirle a tu pareja: “Comprendo por qué te duele hablarle a tu hermana”; en vez de expresarlo con irritación: “No sé por qué no quieres que tu hermana nos visite. Ella no es mala”.

El mensaje de la empatía es siempre Te escucho, aun cuando no estás de acuerdo con el razonamiento de alguien. Estas palabras mágicas son el primer paso para hacer que otros se sientan seguros. Sin embargo, ser empático no implica permitir que te pisoteen o tolerar comportamientos hirientes para mantener la paz en una situación no saludable. En vez de eso, significa que una vez que conoces la intención de la persona, tú tomas la mejor decisión acerca de la relación. La empatía no siempre resuelve las diferencias, mas nos brinda la mejor oportunidad para llegar a un acuerdo y ser cordiales.

UN REGALO Y UN DESAFÍO

Yo aprecio tanto los grandes regalos como los retos de ser empático. Por un lado, quiero conectarme con mis pacientes y seres queridos, mas por ser empática, puedo ser como una esponja emocional que absorbe el estrés de otros y del mundo. Rápidamente me siento abrumada, agitada o exhausta cuando muchas cosas llegan al mismo tiempo. En momentos así, trato de evitar tener conversaciones importantes, porque nunca terminan bien. Reacciono con mucha facilidad. Digo algo de lo cual luego me arrepiento. Me pongo impaciente. Sin embargo, cuando estoy centrada, soy mucho más amable y me comunico mejor.

Si me siento abrumada o cansada, trato de poner en pausa mis interacciones, para poder practicar el cuidado propio. Por lo menos, tomo tres minutos para descansar y meditar, y volverme a conectar con mi corazón y espíritu. Períodos cortos de descanso pueden hacer maravillas para ayudar a centrarte, especialmente si los planeas con regularidad durante el día. También trato de tomar tiempo para estar a solas y meditar. Paso tiempo en la naturaleza. Oro por mi paz interna. Respiro profundamente. Como la gran mayoría, es más fácil para mí ser empática y llevarme bien con los demás cuando estoy descansada y centrada.

La oración es un recurso invaluable para permanecer en calma. Cuando noto que me estoy volviendo inflexible o que carezco de empatía, tomo una respiración profunda y oro: Por favor, mantén mi corazón abierto de manera de que los dos podamos escucharnos y respetarnos mutuamente. O: Por favor, disipa mi frustración de manera que yo pueda ser paciente.

Comprometámonos a ofrecer compasión y empatía a los demás y a nosotros mismos. Puede haber “buenas razones” para estar disgustados con algunas personas. Aún así, sugiero que trates de elevarte por encima de tu ser menor e ir a tu corazón para apreciarlo todo con mayor amplitud y empatía.

Elegir la empatía en vez del rencor y el temor generará un cambio profundo de conciencia en todas tus relaciones personales. También catalizará una evolución en el ser humano con esperanza de que nos llevemos mejor y nos tratemos de maneras más profundas y significativas.


Judith Orloff, M.D.

Judith Orloff, M.D., es parte de la facultad médica de UCLA y es una autora afamada en el New York Times. Ella es la autora de Guía de supervivencia para personas altamente empáticas y sensibles. Este artículo está basado en ese libro, disponible en español en drjudithorloff.com.

Este artículo apareció en la edición de Septiembre-Octubre del 2018 de La Palabra Diaria.