El mundo físico

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Si un viaje nos obligara a tomar un largo trayecto en taxi rumbo al aeropuerto, luego abordar un avión, después un barco y finalmente un autobús para poder llegar a nuestro destino final, no sentiríamos que un medio de transporte es más importante que otro. Sin uno de ellos, no podríamos completar el viaje.

Estamos en un viaje —un viaje inmortal. Parte de este viaje es físico, y el vehículo es un cuerpo humano. Cómo tratamos a nuestros cuerpos mortales es tan importante como la atención que prestamos a nuestras almas inmortales. Pensar lo contrario es creer que podemos evitar una parte de nuestro viaje.

El cuerpo está compuesto es su totalidad de miles de millones de células. Cada célula es un universo en miniatura, donde la inteligencia divina destila vida de elementos inanimados. Cuando uno deja de subestimar el cuerpo y se detiene un momento para estudiarlo, vemos el gran amor que tomó diseñarlo. Comer alimentos, tomar bebidas, respirar aire —cada acto ofrece compuestos inertes al cuerpo, para ser desglosados en sus inanimadas unidades químicas elementales y luego ser distribuidos a las células mediante el torrente sanguíneo.

Todo esto es suficientemente milagroso, pero cuando los elementos químicos inanimados entran en la célula, la verdadera magia comienza, ¡ya que es en la célula que los elementos inanimados cobran vida! Los elementos químicos en el cereal y en la leche que comimos en el desayuno, la sopa y ensalada que comimos en el almuerzo, y el pollo y los vegetales que comimos en la cena de ayer se han convertido literalmente en las personas que somos hoy —quienes caminan, hablan, ríen y piensan.

Los elementos del universo se han unido, han sustentado la vida y se han convertido en una entidad identificable conocida como nosotros —entidades capaces de ¡contemplar a su creador! Las células se transformaron de elementos inanimados a la vida misma —una hazaña que ningún alquimista o mago alguna vez entendería. 

Comprometámonos a cuidar de nuestros templos divinos, recordando que el cuerpo humano es un regalo de Dios, cada parte tan sagrada como nuestra alma inmortal.