El lugar de oración

por Judy Collins

 

Mi padre cantó y tocó piano en su programa de radio por más de 35 años, de modo que crecí en un ambiente musical. Cuando él comenzó a enseñarme a tocar piano, estoy segura de que nunca pensó que yo llegaría a ser una cantante profesional de música folklórica. Cuando tenía trece años tocaba música clásica en conciertos. 

Pero un día oí una canción popular llamada “Gypsy Rover” (Gitano errante) en la radio, y eso cambió mi vida. Comencé a escuchar y aprender música folklórica, y cuando tenía dieciséis años, le rogué tanto a mi padre para que me comprara una guitarra, que lo hizo. 

La narrativa de la música folklórica le habló a mi corazón, y en lugar de tocar piano sola, comencé a tocar y cantar en compañía de otros músicos quienes disfrutaban de la camaradería de compartir canciones con otros y de aprender canciones de otros. Al ser parte del mundo de la música folklórica, me sentí como parte de un círculo social de gente talentosa y amistosa. 

La calidad espiritual de la música folklórica me fortaleció. Aunque crecí cantando con el coro de la iglesia, me sentí atraída por el mensaje espiritual de la gran mayoría de las canciones de música folklórica.

Durante mis cuarenta y un años de carrera, he viajado por tierra, haciendo de sesenta a ochenta presentaciones por año, pero he disfrutado cada minuto. No hay nada que me guste más que viajar en avión o en el asiento trasero de un automóvil, yendo a cualquier sitio. Me entretengo con mis libros, mi computador y mi equipo de música, y paso ratos maravillosos. 

Para mí es muy importante mantener mi conexión espiritual. Algo maravilloso de La Palabra Diaria es que la puedo llevar conmigo doquiera que vaya y sacarla para leerla en cualquier momento. Es lo suficientemente portátil y siempre hay algo en los mensajes de interés para mí. 

En 1994, me pidieron que fuera representante de las artes para UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), de modo que como tal, he viajado a Rusia, Japón, Bosnia, Croacia y Vietnam. Doy presentaciones y escribo sobre esa organización. Los niños de esos países han visto su salud mental y emocional muy afectada. Tomé interés en un tipo de terapia que fue comenzada en Mozambique. Los niños en ese país crecían en medio de violencia. Sus villas estaban rodeadas de minas explosivas y eran bombardeadas continuamente. No me había dado cuenta de lo terrible de la situación hasta que fui allí personalmente. Aprendí lo valioso de los programas de arte para ayudar a esos niños. El hacer algo artístico como cantar, leer, tocar un instrumento, o dibujar, los ayudó durante momentos traumáticos. Las artes son una parte importante de la vida, pero lo son más aún cuando ayudan a los niños y adultos a vencer dificultades emocionales. 

Crecí en un ambiente eclesiástico, pero la música folklórica me ayudó a profundizar mi vida de oración. Para mí la oración es el antídoto más poderoso contra lo negativo y el miedo. Raras veces comienzo a escribir una canción sin antes acudir a mi interior en oración. Eso es esencial para mi estabilidad emocional y física. Al igual que toda persona, he pasado por momentos difíciles. La violencia y el miedo a que haya más violencia, hacen el viaje de la vida más difícil para la gente.

El viaje de mi vida ha incluido el suicidio de mi hijo, que ha sido para mí difícil de sobrellevar. Pero no creo que podamos comparar problemas al punto de decir que un reto de una persona es mayor que el de otra. Todos enfrentamos retos, y sólo tenemos que saber que tenemos lo necesario para vencerlos. 

La oración es una herramienta poderosa con la cual podemos mantener una conexión fuerte con ese poder que es mayor que nosotros, ya que solos no podríamos vencer retos. Estoy muy convencida de que hay una guía interior que nos dice lo que debemos hacer. Es un trabajo interior y requiere mucha paz, oración y fe.