El inherente indicador divino—Parte 2

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

El amor es lo que Dios es

Creeríamos que de todos los lugares donde encontrar una definición de Dios. la Biblia seria el primer lugar donde buscarla. Sin embargo, el apóstol Juan fue el único escritor en la Biblia que definió a Dios, y él definió lo Indefinible con sólo tres palabras: "Dios es amor" (1 Jn. 4:8). ¡Qué definición sencilla, sucinta, completa y absolutamente perfecta! Dios es amor.

El amor, pues, no es un juguete del capricho humano, algo que podemos sacar a relucir, usar y luego llevárnoslo y guardarlo cuando hemos terminado con alguien. El amor es una actividad divina, una fuerza cósmica, un don espiritual. Es parte de nuestra vida así como el mar es parte del pez. Siempre y cuando el pez nade en el océano, éste lo sostiene, alimenta y renueva porque el pez lo acoge para vida y renovación. El pez es parte del mar, y el mar es parte del pez.

El amor es el océano de Dios, y vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en ese océano. El amor es la energía de Dios, y cuando dejarnos que el amor nos dirija, permitirnos que Dios nos dirija y nos volvemos par te de Su energía divina.

Sin amor, nada somos

El apóstol Pablo habló elocuentemente sobre el amor. Dijo: "Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe" (1 Co. 13: 1). En otras palabras, no importa lo que yo diga, a menos que resuene a través del cauce del amor, ¡sólo es ruido! Es algo sin sentido.

Pablo procedió a decir: "Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes. y no tengo amor, nada soy" (1 Co. 13:2).

Qué poderosas son esas palabras. Ellas declaran que el amor es la facultad más importante que tenemos. Es el eje de todo el bien que está en nosotros. Nada tiene importancia en nuestras vidas si somos amorosos.

El amor no necesita un punto focal

Podemos sentir amor por otra persona, pero el amor no es primordialmente una relación con una persona específica. En otras palabras, el amor no necesita un objeto en el cual enfocar. El amor es como un reflector poderoso que ilumina un cuarto completamente, más bien que una linterna eléctrica que solamente alumbra donde su luz sea dirigida.

El amor es una actitud que determina cómo nos relacionamos con el mundo. Si amamos a una persona y somos indiferentes con el resto de la gente, somos como una linterna eléctrica. Esto no es amor, sino una dependencia, un apego a algo para hacernos sentir bien temporalmente.

Sin embargo, la mayor parte de nosotros ha creído que el amor comienza con un objeto para amar, mas bien que ser una facultad interna para vivirse. Si no vemos el amor como una actividad de nuestro espíritu, entonces podemos creer fácilmente que todo lo que es necesario para expresar amor es encontrar el objeto correcto. Esa actitud es parecida a la de la persona que desea aprender a pintar, pero se niega a tomar lecciones de pintura, declarando que cuando encuentre el paisaje apropiado,  él o ella lo pintará perfectamente.

La verdad es que no necesitamos "la persona correcta" para expresar amor. Cuando amas verdaderamente a una persona, a cualquier persona, puedes amar a toda la  gente. Amas el mundo y, más importante, sabes que te amas a ti mismo. Si dices a alguien: "Te amo", entonces dices: "Amo a Dios, me amo y amo a todos".

Amor propio

Sin duda. el poder que es el amor empieza con Dios, pero debemos aceptarlo como nuestro propio amor antes de poder enviarlo a otra persona. Este es el verdadero amor propio, y este tipo de amor no está centrado en el ego. De hecho, está sujeto a la mayor humildad porque sólo al amarnos podemos ser como conductos puros para el amor de Dios. Mientras más aceptamos Su amor, más podemos transmitirlo a otros.

Amar a otros es imposible hasta que nos amemos a nosotros mismos. 

Además, sin amor propio no hay una "vara" para medir otro amor; nos sentimos indignos de todo amor. "Después de todo," razonamos, "si no puedo amarme, ¿cómo puedo esperar que otros me amen?" Sólo cuando puedes amarte a ti mismo puedes remover los obstáculos para la expansión de tu ser.

Sin embargo, muy a menudo nos consideramos indignos de amor y, por tanto, no podemos expresarlo. El peligro está en que cuando creemos estar faltos de amor, buscamos a alguien para que nos ame y "llene el vacío". Cuando acudimos a alguien para que nos ame, no logramos sentir verdadero amor. Es sólo cuando liberamos el amor que hemos aceptado para nosotros mismos que sentimos amor.

Nuestra necesidad de amar

Hay una necesidad innata en cada uno de nosotros de expresar amor. La inhabilidad de expresar amor es una causa común de nuestros problemas. Vemos esto en los niños y adolescentes que han sido privados de amor. Lo vemos en adultos que pasan sus vidas buscando aprobación y aceptación. Ni los niños ni los adultos saben cómo aceptar amor y, por tanto, no pueden expresarlo adecuadamente. Ellos dejan de crecer debido al hecho de que como seres humanos el crecimiento de nuestras almas depende de cuánto amor divino podemos aceptar. Cuando dejamos de aceptar amor, dejamos de crecer.

Todo lo que necesitas es amor

"Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado." Este es probablemente el único mandamiento que debemos saber. 

Si sientes que estás falto de práctica, que tienes dificultad para expresar amor, sabe que el amor no es algo que tienes que llegar a conocer a fondo, sino solamente algo que debes permitir. Hay algo que puedes practicar una y otra vez, no obstante, y esta es la decisión de amar. Decídete a amar, y luego deja que el amor haga lo que quiera.

La mente es extremadamente poderosa. Te puede llevar a las mismas puertas del cielo, pero únicamente tu corazón puede expresar la contraseña para dejarte entrar.