El copito de nieve y la luz del sol

por Gregory Barrette

 

Había una vez un copito de nieve.

En realidad era un GRAN copo de nieve…

Si lo veías bajo un microscopio…

allí estaba,

la imagen más pequeña de un copo de nieve,

nacido en una nube.

Y creció…

Y creció…

Y CRECIÓ…

¡Hasta que se cayó de la nube!

¡Había crecido demasiado para quedarse allí!

“¡Pero no quiero dejar mi nube!” dijo el copito.

Entonces otra voz habló:

“¡Hola!”

“¿Quién eres tú?” preguntó el copito.

“Soy la luz del sol.”

“¿La qué?”

“La luz del sol.”

“¿Qué es eso? ¡No veo ninguna luz del sol! ¿Dónde te estás escondiendo?”

“Estoy aquí, a tu alrededor, pero no puedes verme.”

“Ahora escucha con atención.”

“A medida que vayas en tu viaje debes recordar dos cosas:

Es bueno para ti que cambies. Y para cambiar, debes dejar ir lo que una vez pensaste que eras.”

Así que el copito flotaba en el aire…

Hacia abajo… abajo… abajo… flotaba…

No parecía tener ningún sentido de dirección…

pero entonces, de repente,

¡PUM!

¡Chocó con otro copito!

¡PUM!

¡Y otro!

¡PUM!

¡Y otro!

“¡No me GUSTA cuando choco con otros copitos!”

“A mí tampoco me gusta,” dijo otro… y otro… ¡y otro más!

Estas voces eran todas de otros copos de nieve.

El fuerte viento los había empujado unos contra otros, ¡y nos les gustaba ni un poquito!

“Es bueno y necesario que choquen unos con otros. De esa manera aprenderán cómo llevarse bien. Todos están en un viaje muy especial. Cada uno tiene un propósito muy especial”, dijo la luz del sol.

“Lo único que veo son nubes y muchos copitos como yo que chocamos importunamente unos con otros. ¿Dónde estás?”

¡PUM!

La conversación del copito con la luz del sol fue interrumpida.

Aterrizó en un banco de nieve, rodeado por toda clase de diferentes copos. Todos estaban allí quejándose.

“¡No me GUSTA cuando estoy aquí pegado a ti!”

“A mí tampoco me gusta”, dijo otro copo de nieve…

“¡Hay demasiados copos de nieve aquí!”

“¡QUÍTATE de encima de mí!”

Y así sucesivamente…

¡Y entonces salió el sol!

“¡Aquí estoy por fin!”, dijo la luz del sol. “Es bueno y necesario que estén aquí en este banco de nieve. Todavía están en un viaje muy especial. Muy pronto todos van a unirse para llevar a cabo su propósito. Deben aprender a unirse para cumplir con una tarea poderosa.”

“¡Yo no QUIERO hacer eso! ¡Quiero permanecer como un copo de nieve individual! ¡Sé lo que es ESO! ¿Qué quieres decir con ‘unirse a los demás’?”

“Recuerda”, dijo la luz del sol. “Que siempre debes cambiar y dejar ir lo que creías que eras para que puedas llevar a cabo tu propósito especial.”

Y antes del que el copito pudiera responder, la luz del sol unió al copito con todos los demás copos de nieve que formaban el banco de nieve…

Y se DERRITIERON…JUNTOS…

“¡No me gusta esto! ¡Ya ni siquiera estoy seguro de quien soy!” exclamó el copito de nieve.

“Está bien, simplemente deja ir y confía en que el cambio es bueno. Es parte de la vida. Y debes cambiar para llevar a cabo tu propósito especial. Y eso siempre quiere decir dejar ir lo que PENSABAS que eras,” dijo la luz del sol.

En lo profundo… profundo… profundo dentro de la tierra, el copito que recientemente había sido unido a los otros copos empezó a gotear…

“Es hora de llevar a cabo tu propósito poderoso. Es hora de cambiar una vez más. Deja ir lo que PENSABAS que eras,” dijo la luz del sol.

“¿Por qué tengo que dejar ir y cambiar de nuevo? Ya me estaba acostumbrando a ser parte de todos los copos de nieve derretidos. ¿Esto significa que hay algo más que debo hacer?” preguntó el copito.

Se topó con una semilla de un roble poderoso…

Antes de que la luz del sol pudiera responder, el copito fue atraído lentamente hacia la semilla, la cual también lentamente creció hasta convertirse en un árbol que dio vida y sustento a otras plantas, animales, insectos y vida, y proporcionó sombra a una familia. ¡A TU familia!

Y ENTONCES…

A causa de una cosa científica y mágica llamada “fotosíntesis”, las moléculas del copito fueron expulsadas por los poros del poderoso roble.

Para este entonces, el copito había cambiado y dejado ir tantas veces que ya no le importaba. ¡Estaba emocionado por ver cuál sería la próxima parte de su viaje especial!

¡Y allí estaba!

Todavía vivo, pero AHORA…

¡Era el VIENTO!

¡BAILANDO en el copito de nieve!

¡Eso era!

Bailar en la luz del sol debe ser su propósito especial…

Hasta que…

Una nube comenzó a formarse y atrajo el copito a sí mismo como una semilla pequeñita…

Y todo comenzó de nuevo…