El camino más allá

El camino más allá
William A. Clough

No hace mucho tiempo, recibí una carta de una amiga donde me contaba de su dolor y su soledad después de la pérdida de un hijo amado. “Me siento tan completamente sola”, escribió. “¿Cómo puedo seguir adelante?

Tales expresiones de dolor llegan al corazón. Todas las personas quienes han tenido una experiencia similar comprenden el sentimiento de soledad y el dolor. El dolor no es inevitable, pero es común para todos nosotros. El dolor por la pérdida de un hijo es uno de los problemas humanos más difíciles.

Pero como en el caso de todos los problemas, grandes y pequeños, hay una respuesta. Hay consuelo para cada corazón que es estremecido por el pesar. Para cada alma adolorida el Sermón del Monte ofrece palabras de verdad: “Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación” (Mt. 5:4).

El Maestro supremo no dijo: “No sentirán dolor”. Él dijo: “Recibirán consolación”. Quienes lloran son bendecidos porque existe el consuelo que elimina su pena y los deja en un sitio más elevado donde la visión es más clara y la vista más amplia.

¿No es significativo que el verso que habla del llanto de Jesús es uno de los más cortos en la Biblia? “Jesús lloró” (Juan 11:35). El dolor tocó a Jesús, pero por corto tiempo.

Jesús vio la mañana y pasó de la noche al amanecer. Tú y yo podemos hacer lo mismo no importa cuán irreparable nuestra pérdida pueda parecer. Podemos dejarla atrás y seguir adelante, aún cuando desde lo profundo de nuestro dolor podamos decir momentáneamente con el escritor del libro de Lamentaciones: “Mirad y ved si hay dolor como el dolor que me ha venido.”

Preguntas, como lo hizo mi amiga: “¿Cómo puedo vencer el dolor y sobreponerme a él?” “¿Cómo puedo seguir adelante?”

Shakespeare dijo: “Todo el mundo puede dominar el dolor menor el que lo siente”, así que sería presuntuoso de nuestra parte tratar de responder las preguntas de quienes lo sienten, a menos que apreciemos realmente sus sentimientos.

Traté de ponerme en el lugar de mi amiga. Traté de darme cuenta cómo me sentiría si me quitaran de repente a mi hijo. ¿Podría vencer mi dolor y encontrar un significado nuevo y más elevado en la vida? ¿Podría ver más allá de las sombras de la noche a la luz de la mañana?

Mi respuesta fue sí, porque sabía que a mi hijo nunca me lo podrían quitar, nunca lo perdería. Sabía que Dios me guiaría a través del dolor a una mayor comprensión espiritual y en ella, mi hijo estaría más cerca y sería más querido que nunca. Vería a mi hijo por medio de los ojos del Espíritu y sentiría en mi espíritu la presencia de mi hijo.

El acorde básico de la melodía de la vida es la afirmación, bien sea la vida aquí o la vida eterna. Es decir “sí” a los llamados misterios de la vida y la muerte, “sí” a la inmortalidad, “sí” a la sustancia imperecedera del Espíritu en los que se han ido y en nosotros, “sí” a la voluntad perfecta de Dios.

La mayoría de nosotros puede ver al círculo de nuestras amistades y encontrar ejemplos de reacciones variadas ante la pérdida de un ser querido. Mientras algunos, en su dolor, permiten que las sombras se ciernan sobre ellos, otros utilizan la fe para disiparlas.

La fe y la actividad harán cesar el dolor más profundo. La voluntad de Dios para nosotros es la felicidad. Dios no nos da dolor. Dios nos lo quita cuando nos lo causamos y cuando viene a nosotros por causas más allá de nuestra comprensión. Dios nunca hace daño; Dios sana.

La fe es la respuesta a las preguntas que nos hacemos cuando nuestro dolor es más profundo. Es el logo y la victoria. La fe nos dice la verdad de que todo está bien con nuestro hijo y con nosotros. Nos dice que el Espíritu es inmortal, que el amor sobrepasa la muerte y trasciende el tiempo.

El hijo amado quien se ha ido de nuestra vista está vivo, gloriosamente vivo. No te rodees ni rodees a tus seres queridos de una pared de dolor. Continúa con tus quehaceres en oración y fe. Piensa que tu hijo está envuelto en el amor divino, cambiado pero a la vez igual. Eleva tu rostro a la luz. Di: “Sé que este niño está al cuidado amoroso de Dios. Enfrentaré la vida sabiendo que estoy al cuidado de Dios.”

No me preocupa cómo será la vida futura. Creo con todo mi corazón que la vida es una gran experiencia continua, una parte revelada y otra no, y sé que todo será revelado cuando Dios lo disponga.

Cuando un niño se va de mi vista, más allá del camino, todavía lo veo por medio de mis ojos de fe, vivo y bien, y de la mano de Dios.