El círculo perfecto I

El círculo perfecto I
Eric Butterworth

A través de las edades han habido muchas filosofías sobre épocas pasadas y sobre el más allá. Las personas han examinado eternamente sus almas y el mundo alrededor de ellas para obtener contestaciones a tales preguntas como: ¿Por qué estoy aquí?, ¿adónde voy?, ¿por qué soy como soy? El ateo podría decir: “Esto es todo lo que hay. Eres como el árbol o el animal. Viniste a la vida porque la semilla fue sembrada. Dejas esta vida si te la quitan, o cuando te la quiten, accidentalmente o naturalmente. Vives solamente una vez. ¡Que lo pases bien!”

Los conceptos religiosos de la vida son demasiados numerosos para ser mencionados. Todos ellos, no obstante, han creído en esta vida como solamente una parte del todo. Todos ellos han creído en un alma y su supervivencia de la muerte. De este concepto ellos se extienden en cientos de creencias doctrinales y en modalidades de significado dentro de esas creencias.

El concepto del cielo después de la muerte es un vestigio de la creencia primitiva de un “buen terreno para vivir”. Los dudosos sentimientos sobre la continuidad de la vida más allá de la muerte siempre han obsesionado las almas de la humanidad. Esto se ha complicado con la idea de que hay dos senderos divergentes. Uno es hacia arriba y el otro hacia abajo —el lugar feliz es reservado sólo para los buenos, mientras que el resto sufre el tormento eterno.

Esto ha sido en gran parte el concepto cristiano. Sin embargo, deja muchas preguntas sin contestar; si esta vida no es más que la preparación para algo que viene: ¿Por qué no deseamos entrar a la vida próxima? ¿Cómo explicamos el deseo innato de vivir? ¿Cómo explicamos las aparentemente inconclusas vidas y el constante progreso de la civilización? Unity no no te da respuestas a esas preguntas. ¡Unity más bien te alienta a seguir haciendo preguntas! Unity sugiere contestaciones, pero te dice una y otra vez que la contestación final debe venir de ti.

Para comprender verdaderamente la vida, debemos darnos cuenta de que ella no puede ser comprendida en términos del breve período de años que empieza con el nacimiento y termina con la muerte. Hemos creído que la vida es una experiencia transitoria. Hemos dicho cuando alguien enfrenta una experiencia desafortunada: “Así es la vida”. Pero la vida no es así en absoluto. Eso es una pobre imitación, una restricción del significado y poder de la vida.

Se nos ha enseñado a pensar que la vida siempre se va consumiendo, que el tiempo termina y aunque podemos afanarnos por detenerlo, la futilidad, enfermedad, carencia, deterioro y muerte son fundamentales —predestinados desde el principio. Decimos, “Para una mujer de su edad, ella se ve bien; después de todo, los años dejan su huella”. Pero los años no dejan una huella en absoluto. No hay castigo o recompensa.

A menudo cuando alguien enfrenta una experiencia retadora, decimos, “Debes ejercer dominio sobre tu vida”. ¿Por qué? La vida no es para ser dominada. Tú debes ejercer dominio sobre tu pensamiento, no sobre tu vida. Realmente, tú no vives la vida; la vida te vive a ti. Ella te anima y se expresa en ti. Ella te vive en este mismo momento. La vida nunca te abandonará.

Robert Browning nos ofrece este discernimiento sobre el problema de la vida, al escribir: “En la tierra, los rotos arcos; en el cielo, el círculo perfecto”.

¿Puedes acaso comprender todo el círculo con sólo un segmento diminuto de él? Si este segmento es tan pequeño como un punto en un papel, no hay modo de determinar si el segmento es de un círculo diminuto, o de un círculo del tamaño de la tierra. Y aun así, si es un segmento de un círculo, éste sólo puede comprenderse en términos de todo el círculo. En el mismo sentido, sólo podemos comprender la vida en términos de ser un ser espiritual completo —lo que el cuerpo físico no puede esbozar.

Indudablemente, todos hemos sido expuestos en algún momento a una teología acerca de la crueldad intencionada de Dios y el más allá. Dios es presentado como un juez severo e inexorable sentado en un trono en algún lugar anotando en un libro grande todos los hechos de nuestras vidas. La historia incluye un “juicio” final cuando se hace un balance de los libros, y si el balance está a favor de nosotros, subimos, y si está en contra, bajamos. Hemos visualizado el cielo con ángeles, arpas, nubes blancas y ondulantes, y el dominio del infierno con su calientes hornos, su masa de gente que se retuerce de dolor en un tormento eterno.

La gente sensata siempre ha rechazado esa descripción ridícula. Parece inconcebible que gente inteligente pueda aceptar tal deidad caprichosa y sádica que permita o dirija tales cosas. En las palabras del poeta Arlington Robinson: “El mundo del pensamiento y la vida religiosos siempre ha sido cierto kindergarten espiritual en el que millones de perplejos infantes tratan de deletrear ‘Dios’ con los cubos incorrectos”.

En su libro, East and West, Sri Radhakrishnan dice: “La doctrina de fuego del infierno es inconsistente con la vida y enseñanza de Jesús. Jesús nos pide perdonar a nuestros hermanos aun cuando ellos pequen en contra de nosotros ‘setenta veces siete’. Si Él espera que nos comportemos de esa manera, Dios no puede esperar ni ser diferente. Debe haber algo no divino en Dios, si Él es responsable del eterno fuego del infierno”.

La teoría de “fuego del infierno” mantiene que todos los paganos y no cristianos son excluidos del cielo y, por tanto, enviados al infierno. Imagina, si tu imaginación puede concebir y tolerar una idea tan terrible: mil seiscientos millones de almas en esta generación solamente y no menos de cien billones de seres conscientes revolcándose en el fuego eterno desde el despertar del hombre en los últimos cuatro mil años. Un universo que pudiera permitir o causar una cosa tan monstruosa sería un universo inútil y sin valor desde todo punto de vista.

La palabra hades, que por lo general es traducida erróneamente en la Biblia como “infierno”, viene de una palabra radical que significa “no ver”. Ella quiere decir un estado de ánimo incapaz de ver el bien. El cielo, entonces, quiere decir un estado en el cual vemos claramente. Se ha escrito de Jesús en varios casos que cuando enfrentaba necesidades retadoras, levantaba los ojos al cielo. Él se volvía de los hechos de la necesidad humana a la verdad de la toda suficiencia de Dios. Cambiaba de “no ver” a “ver claramente”, del infierno al cielo. Existen pocas dudas de que hay mucho del infierno en la vida, mas es un infierno que creamos nosotros mismos al ver y pensar erróneamente.

La gran necesidad no es corregir las cosas, sino verlas Correctamente, y el cristianismo debe ser un pasaporte que nos lleve de la apariencia engañosa a la realidad. Ésta es la función de Unity. Unity no trata de cambiar a la gente o el mundo por medio de la acción social o de cualquier otro medio externo. Sólo trata de ver las cosas correctamente y de ayudar a la gente a ver las cosas correctamente. Unity trata de ayudar a la gente a ver el bien más allá de las apariencias del mal, a ver fortaleza más allá de la debilidad y a ver las respuestas dentro de las respuestas. Jesús dijo: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Juan 7:24).

El círculo perfecto II