El único nombre que tienes

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.—Juan 14:6

“Mi verdadera naturaleza es el temor”.
“Mi verdadera esencia está enferma y cansada”.
“La pobreza es la voluntad de Dios para mí”.
“La vejez es mi herencia divina”.

¡Ay! Esto te pone los pelos de punta, ¿no es cierto? ¿Quién diría tales palabras, especialmente a la luz de lo que ahora sabemos sobre el poder de nuestras palabras?

Sin embargo, es chocante saber que muchos de nosotros difundimos el equivalente de esas declaraciones horribles todos los días. ¿Cómo? Al seguir las palabras poderosas Yo Soy (o Yo estoy o Yo tengo) con algo menos que la voluntad de Dios para nosotros:

“Tengo tanto miedo de caerme”.
“Estoy enfermo y cansado de tu comportamiento”.
“Yo soy demasiado pobre y no tengo medios para eso”.
“Yo soy demasiado vieja para viajar”.

Estas son las clases de declaraciones que oímos por todo nuestro a rededor, tal vez hasta nosotros mismos las digamos. Pero tales declaraciones son peligrosas, aun letales. Eso se debe a que ellas contienen esas dos palabritas: Yo soy (o Yo estoy o Yo tengo).

Las palabras Yo soy son tan poderosas que deben ser dichas con mucho cuidado. ¿Por qué? Porque las palabras Yo soy son tu verdadera identidad. Ellas son tu nombre espiritual, la identidad de tu ser espiritual. YO SOY es el nombre de la naturaleza de Dios en ti y de toda la potencialidad divina en ti. El YO SOY es quien eres en tu naturaleza crística. YO SOY es tu verdadera identidad.

Siente el poder

Si quieres sentir el poder de las palabras Yo soy (o Yo estoy), substituye las palabras Mi naturaleza es ser .... o ... es la voluntad de Dios para mí. Por lo tanto, el comentario aparentemente inofensivo: "Estoy tan preocupado", se traduce en "Mi verdadera naturaleza es preocuparme". El comentario dicho con frustración: "Estoy absolutamente devastado", se vuelve: "Es mi naturaleza ser devastado". La declaración: "Soy diabético" es realmente la aserción: "La diabetes es la voluntad de Dios para mí".

Declarados otra vez de esa forma, sientes tanta inquietud con esas declaraciones porque ellas indican con más claridad que reclamas algo que no deseas realmente. Te identificas con algo muy, muy alejado de tu esencia espiritual.

Sin embargo, eso es exactamente lo que sucede cuando empleas las palabras Yo soy. Reclamas a la gran Inteligencia Creativa del universo que te transforme en aquello con lo cual te identificas.

Cuando pones sentimientos negativos en declaraciones con "Yo soy" O "Yo estoy", estas afirmaciones aparentemente inofensivas toman para si una seriedad que cambia la vida. ¿Puedes creer realmente que la preocupación sea parte de tu naturaleza? Desde luego, te preocupas y sientes ansiedad a veces. todos permitimos que las circunstancias nos intimiden, pero ¿es la preocupación parte de tu verdadera naturaleza? Nunca.

Hay veces cuando los sucesos nos hacen sentir devastados: la muerte de un ser querido, un revés financiero serio, una relación que fracasó. Pero decir: "Me siento devastado" es muy diferente que reclamar: "Estoy devastado". Lo que sientes es transitorio, lo que eres es eterno.

¿Qué hay en cuanto a identificarte con una enfermedad (por ejemplo: "Soy diabético")? Si el deseo de Dios para nosotros es el bien absoluto, entonces ¿cómo puede Dios infligir diabetes en una persona? Mas si insistes en reclamarla, en hacerla parte de tu identidad,  entonces es tu enfermedad porque te mantienes bien firme en ella.

Elige tu identidad

En muchas convenciones, en una mesa al frente de la sala principal de conferencias se ponen etiquetas con nombres. Se espera que encuentres la etiqueta con tu nombre y la prendas sobre la solapa de tu vestido. Desde luego, escoges la etiqueta cuidadosamente porque no quieres que te confundan con otra persona.

Lo mismo sucede con tu uso del YO SOY. Tú mismo te identificas. Acudes al universo para identificarte con lo que reclamas y luego para ayudarte a producir ese reclamo en tu vida.

Tu YO SOY es tu verdadera identidad. De hecho, es tu única identidad. Solamente tú puedes decir las palabras Yo soy. Solamente tú puedes dirigir la energía de esas palabras a un universo que espera cumplir tu mandato.

¡Cuán victoriosamente Jesús empleó las palabras Yo soy! Sus declaraciones de identidad son diseminadas en las Sagradas Escrituras desde "Yo soy el pan de vida" (Jn. 6:35). "Yo soy la luz del mundo" (Jn. 8: 12), "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn. 11:25), hasta "Yo soy el Alfa y la Omega" (Ap. 22: 13).

Hace algunos años, un anuncio comercial de televisión de una compañía de corredores de bolsa mostraba un lugar lleno de gente parlanchina. La cámara de televisión enfocó en dos personas que hablaban en privado. Una dijo a la otra: "Mi corredor es fulano de tal, y él dice que .... " De pronto, hubo un gran silencio en el lugar y todos se pusieron a escuchar ávidamente lo que fulano de tal creía sobre la bolsa de valores.

De manera semejante, todas las energías creativas del universo se detienen y escuchan cuando decimos "Yo soy ... " ya que su función es traernos todo lo que reclamamos para nosotros. Ellas están preparadas siempre para entrar en acción cuando presentamos un reclamo.