Dispuesta a recibir

Dispuesta a recibir
la Reverenda Susan EngPoole

Artículo de La Palabra Diaria

Mis padres inmigraron de China a Estados Unidos. Cuando comenzaron a celebrar la Navidad, cerraban su restaurante en Othello, Washington, ese día. Ellos decoraban un bello árbol de Navidad y lo coronaban con un ángel rubio. La familia y los amigos venían a nuestra casa para disfrutar de un banquete de comida china.

La Nochebuena, mis hermanos y yo esperábamos anhelosos nuestro próspero lai see (sobre rojo) que contenía de $50 a $100. Aunque mis padres eran muy prácticos, nos daban ese regalo sin restricciones o condiciones.

El honrar nuestros padres es una tradición de suma importancia en la cultura china. Sin importar cómo esté nuestra relación con ellos en el momento, siempre honramos nuestros ancestros como la fuente original de amor. Mis hermanos y yo sabíamos que nuestros padres nos amaban, aun cuando no nos abrazaban, ya que dar abrazos no es una costumbre en la cultura china. Recuerdo lo nerviosa que me sentí al querer darles a mis padres un abrazo de agradecimiento. Eventualmente, llegamos a sentirnos más cómodos al hacerlo. Ahora especialmente disfruto de los muchos abrazos que recibo en la iglesia los domingos por la mañana.

La cofundadora de Unity, Myrtle Fillmore, escribió: “Tu parte es aprender a recibir. Dios ha puesto en tu alma sabiduría, pureza, fidelidad, amor, bondad y gentileza —estas cualidades son parte de ti. Lo que tienes que hacer ahora, querida creación de Dios, es tener fe en tu bondad innata”.

Las bendiciones de Dios ya están en mí. Mi parte es permanecer dispuesta a recibir. A continuación una manera cómo recuerdo esta verdad importante:

Uno, nada, todo

UNO es todo lo que existe. Dios es nuestra única fuente. Dar y recibir están unificados y sólo pueden ser experimentados el uno con el otro, igual que un abrazo.

NADA está separado del amor de Dios. Sentirte desposeído o incompleto puede crear tristeza. Sólo toma un segundo transformar un pensamiento de escasez en uno de abundancia. Recuerda, en Dios no estamos privados de nada. Para recibir nuestro mayor bien, damos amor sin límite ni restricción.

TODO ya se nos ha sido dado por Dios. El amor y la perfección de Dios siempre han estado con nosotros, lo hayamos percibido o no. Nuestro trabajo es afirmar una provisión abundante de todo bien y permanecer dispuestos a recibir.
Aprende a recibir plenamente y completamente, porque eres UNO con Dios y has heredado las bendiciones de Dios.