Disposición: Un corazón que, para abrirse, se rompe

•	Cuando estaba dispuesta a encontrar amor y compasión por mí misma, mi corazón se abrió a una forma de vida más amable y gentil. Rev. Lesley Miller, guía de autocompasión
por Rev. Lesley Miller

 

La compasión apoya la sanación espiritual

Durante casi toda mi vida, no comprendí qué significaba sentir mis emociones. Tenía emociones y reacciones. Juzgaba y exigía; reaccionaba y protestaba. Las altas eran altas y las bajas eran bajas.

Pero los sentimientos de duelo o pérdida —sentirme pequeña o que no merecía porque no era aceptada, apreciada o amada solo por ser yo misma—, esos sentimientos permanecían guardados fuertemente bajo llave.

Temía que, si abría esa puerta, los sentimientos me matarían.

Cuidando de mi niña interna

Este artículo fue tomado del folleto de Unity Compasión: Vivir con el corazón abierto.

Compasión: Vivir con un corazón abierto

Durante los años descabellados y los años perdidos, los años de trabajo y los años de familia; durante los años de ira y los años de divorcio, esa niña triste esperaba ser recuperada. Cuando llegaron los años de sanación, aparecieron en forma de un camino empinado. Primero, tuve que estar dispuesta a regresar para rescatar a esa pequeña niña. No había camino hacia adelante sin ella.

Mientras hacía el trabajo de cuidar a la niña inocente dentro de mí, mi corazón se abría quebrantándose lentamente. Lloré la pérdida de una niñez de temor en vez de seguridad, de castigo cuando gritaba para tener ánimo.

Aunque no podía cambiar el pasado, estuve dispuesta a verla como mi propia experiencia imperfecta y darme a mí misma un amor nuevo, apoyo y aprecio por haberla atravesado, tan bien o tan pobremente como lo hice.

La batalla con el criticismo y la perfección

Ser humano significa ser imperfecto además de ser una creación divina y plena. Por otro lado, el mundo nos enseña a que constantemente lo hagamos mejor, seamos mejores y nos esforcemos para llegar a la perfección. Parece una contradicción ser bondadosos con nosotros mismos cuando fallamos.

Y entonces, tal y como lo hicieron nuestros padres y sus padres, perpetuamos la autocrítica, la culpa, el juicio y la victimización por generaciones. No es culpa de nadie. Olvidamos que nacimos para ser amor hasta que el dolor nos lo recuerda. Ese es su trabajo.

La compasión abre el corazón

Cuando estuve dispuesta a encontrar amor y compasión para mí, mi corazón se abrió a una vida más bondadosa y amable. Ese cambio tuvo un efecto en todas mis relaciones, comenzando conmigo misma. Había algo conmovedor en el hecho de conocer mis sentimientos, pero era algo que me hacía humilde al mismo tiempo. Podía distinguir la felicidad de la tristeza, y diferenciar entre el dolor y el entusiasmo.

Aprendí que nadie más me hacía sentir así. No solo yo era la única responsable por mis sentimientos, sino que nadie más los causaba, y yo tampoco era la causa de los sentimientos de otros. Lo más importante es que ¡me di cuenta de que ellos también tenían sentimientos! La humanidad que teníamos en común se convirtió en un gran regalo, y ya que ninguno de nosotros es perfecto, comencé a dejar de echarles la culpa a los demás.

Una práctica para la compasión propia

Poco después, descubrí una técnica práctica en el libro El arte de la felicidad, escrito por el Dalai Lama. Su brillante rostro sonriente iluminaba la portada. Yo no pretendía ser tan santa, pero sí quería conocer una felicidad más profunda. ¿Y quién no?

Al principio, el libro me decepcionó. No me dio respuestas. Sin embargo, sí me bendijo con tres palabras que aliviaron mi alma: paciencia, tolerancia y compasión. Descubrí que, cuando estaba dispuesta a buscarlas, llegaba más profundamente en mi mente y corazón.

Comencé a practicar paciencia, tolerancia y compasión en cualquier situación que me bloqueaba o que detonara temor o ansiedad. Cuando estuve dispuesta a encontrar paciencia, hubo más apertura a la paciencia en mí. Entonces comencé a buscar un poco más de tolerancia para soportar lo que estaba ocurriendo, solo un poquito más.

Entonces, cuando llegué a la compasión hacia mí misma y hacia todo aquel que estuviese involucrado, las cosas comenzaron a ir en otra dirección. Aprendí la compasión estando dispuesta a sentir mis sentimientos y al recordar que los demás también tenían sentimientos.

El resultado de practicar la compasión

Aún respondo primero con los hábitos de toda la vida. Pero cuando encuentro un poco de disposición para ir más profundo, ese amor me eleva y me recuerda que estoy bien. Ver mi propia pequeña luz me ayudó a ver la luz en otros.

Primero llega la disposición de ver. De ahí, todos podemos comenzar a prestar atención y cuidado.

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