Dios está en todas partes

Dios está en todas partes
Bernadette P. Swanson

Sal por un momento. Respira profundamente. Llena tus pulmones. ¡Ahhh! ¿no es maravilloso? El aire que respiramos sostiene nuestras vidas. No podemos verlo, sin embargo, está lleno de sonidos, aromas, colores, de calor o frío, y lleno de insectos, aves y aviones. La presencia de Dios es como el aire, a nuestro alrededor, en nosotros, sosteniéndonos y elevándonos.

No podemos señalar la presencia de Dios porque decir que Dios está “allí” implica que no está “allá”. Señalar es limitar. Sin embargo, podemos “señalar” símbolos de la presencia de Dios en todas partes —en las flores que surgen de la tierra, en el saludo de un vecino, en el conductor que nos da paso para poder salir donde debemos, en el sonido de un pájaro carpintero.

En realidad, no es posible estar separados de Dios, pero ¿cómo podemos estar conscientes de que Dios está siempre con nosotros? La mayoría del tiempo no estamos conscientes de Su presencia. Somos como un niño que no puede ver a su madre en la habitación contigua. El niño asume que la mamá deja de existir hasta que entra a la habitación de nuevo. Olvidamos que cada respiración que tomamos es el aliento de Dios; dondequiera que pisamos es sagrado. Nos olvidamos que somos la expresión de Dios.

Eres libre de elegir a Dios

Si Dios está en todas partes, entonces ¿cómo podemos estar separados de Su presencia amorosa y Sus bendiciones? Creo que es porque se nos ha dado el regalo del libre albedrío. Ésta es una espada de doble filo. Podemos utilizar nuestro libre albedrío para profundizar nuestra conciencia de la presencia de Dios, o podemos utilizarla para actuar como que si Dios no existiera. Esta situación me recuerda el dicho: “piensa antes de hablar”. Nuestro cerebro está siempre presente, pero no siempre lo utilizamos antes de hablar. En vez de hablar con sabiduría podemos hablar sin pensar y ofender a los demás. Esto no es porque no tengamos cerebro, sino porque no lo utilizamos. Siempre tenemos una elección y siempre es nuestra. El libre albedrío pone sobre nuestros hombros la responsabilidad de la manera en que vivimos. ¿Reconoces la presencia de Dios en tu vida y actúas como que si Dios y tú estuvieran trabajando juntos para bien?

Una manera de tomar conciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas es comenzar a ver nuestro libre albedrío como Dios en acción. Cada vez que tomamos una decisión —y tomamos muchas cada día— podemos vernos haciendo el trabajo de Dios. ¿Diré un cumplido a mi hija o la regañaré? ¿Qué tono de voz voy a utilizar para hablar con la próxima persona que me llame para tratar de venderme algo? ¿Qué voy a cenar? ¿Cuándo haré las compras? Éstas pueden no parecer decisiones grandes, pero Dios existe en todos los rincones de nuestras vidas. Hasta que veamos a Dios en las cosas pequeñas no estaremos conscientes de Su presencia guiadora y sanadora con nosotros todo el tiempo.

Eres parte del plan

En una de las áreas de Unity Village hay una copia de un laberinto medieval pintado en el piso. El diseño circular tiene el mismo punto de entrada y salida. No hay lugares sin salida en este laberinto. Simplemente comienzas a caminar y sigues el curso hasta que llegas al centro. Para salir, caminas en el sentido contrario. El propósito de caminar por este laberinto es hacerte receptivo a Dios. Gracias al diseño, cuando caminas no puedes saber lo cerca que estás de llegar al centro. El camino a veces te lleva más cerca del centro, y luego te aleja del mismo. El camino sinuoso hace que dejes la necesidad de saber a qué distancia estás y simplemente estés receptivo a donde el camino te guíe. Una caminata lenta y meditativa puede tomar 45 minutos de principio a fin, con tiempo para orar en el centro.

Una noche fui a la Villa a caminar en el laberinto con mi hija. Estaba contemplando la situación de “mi voluntad vs. la voluntad de Dios” y pensando en los trastornos que a veces ocurren en nuestras vidas cuando estamos receptivos a Dios. Los trastornos suceden porque finalmente dejamos de tratar de controlar nuestras vidas al vivir en un terreno de posibilidades limitadas. Nos entregamos a las posibilidades ilimitadas que Dios tiene para nosotros. A medida que caminaba por el laberinto, imaginé a María, la madre de Jesús, caminando conmigo. Le pregunté: “¿Tienes idea en lo que te estabas metiendo cuando dijiste sí a Dios?” Su respuesta fue: No importa lo que te suceda, en tanto digas sí a Dios. Lo que suceda después es parte de la obra de Dios y tú eres parte de ese plan.

María pudo haber dicho que no, pero no lo hizo. Jesús pudo haber dicho que no, pero tampoco lo hizo. Dios necesitaba que ambos dijeran “sí” para que el plan divino pudiera cumplirse en nuestro mundo. Dios necesitaba a María y a Jesús así como te necesita a ti y a mí para que hagamos nuestra parte en el plan divino. Nunca podemos predecir qué milagros sucederán cuando decimos sí a Dios.

Eres Dios en expresión

Es parte de la maravilla y el misterio de la vida que cuando dejamos de aferrarnos a lo que pensamos que es nuestra red de seguridad, el universo provee maravillas más grandiosas de lo que podamos imaginar. Cuando dejamos ir un empleo en el cual tenemos tiempo y hemos recibido pocas recompensas, un empleo nuevo que nos satisfaga puede llegar a nuestras vidas. Cuando dejamos de poner nuestra atención en bloquear el dolor y en su lugar, lo sentimos plenamente, ese dolor se transforma y desaparece. Cuando dejamos de resistir el cambio, dejamos de ser un dique para la energía universal y nos convertimos en parte del conductor universal. Estamos activamente en el fluir de la presencia de Dios.

Myrtle Fillmore, cofundadora de Unity, dijo una vez: “Tarde o temprano todos llegamos a un punto en nuestro desarrollo donde ya no nos satisface seguir viviendo la vida pasada, sin el conocimiento de nuestra unidad con Dios, la Fuente de nuestro ser. A veces, cuando alcanzamos este punto en el progreso de nuestra alma, al principio no sabemos qué es lo que está sucediendo. Podemos sentirnos inquietos e insatisfechos. Puede que tengamos experiencias que no comprendemos. Quizás hasta seamos tentados a pensar que nuestro bien nos ha abandonado. Pero tan seguro como que existe un Dios, la única Presencia y el único Poder, nos daremos cuenta de que todo está bien y que no estamos haciendo más que ir de una habitación a otra, más grande y con más luz.”

¿Ya no te sientes satisfecho al vivir como si estuvieras separado de Dios? ¿Has llegado al punto en que tratar de vivir sin la conciencia de Dios es como tratar de vivir sin aire? Ahora es el momento de permitir que Dios guíe tus pensamientos. Ahora es el momento de reconocer a Dios en la danza de vida que ves ante ti, dondequiera que vayas. Ahora es el momento de permitirte de manera consciente ser una expresión de la acción de Dios en el mundo.

Veo a Dios allí y allí y…

No somos llamados a ser héroes. Somos llamados a ser plenamente humanos, lo cual quiere decir que somos llamados a vivir espiritualmente mientras existimos en un cuerpo milagrosamente material. ¿Cómo encontramos a Dios en nosotros y expresamos a Dios con nuestros brazos?, ¿con nuestros ojos?, ¿con nuestras rodillas?, ¿con nuestro estómago? Si Dios está en todas partes, entonces cada parte de nuestro cuerpo es una expresión de Dios y es capaz de llevar a cabo la obra de Dios en este mundo.

Cuando ves que Dios existe en todas partes, hasta en tu cuerpo, lo tratas bien. Al hacerlo, honras a Dios en tu cuerpo. Cuando ves a Dios en tu cuerpo puedes ver a Dios en el cuerpo de los demás. ¿Cómo tocará tu mano la mano de otra persona?

Ahora es el momento de ayudar a alguien a atravesar la calle.

Ahora es el momento de ayudar a alguien a llevar una carga. Ahora es el momento de abrazar a alguien, ya sea por consuelo o gozo. Cuando ves a Dios en el juego de la luz entre los árboles, creando sombras en la tierra, honras a Dios como la luz del sol, los árboles y la tierra. ¿Cómo, entonces, tratarás la tierra? Ahora es el momento de recoger la basura a tus pies. Ahora es el momento de sembrar flores a la puerta de tu casa. Ahora es el momento de reciclar los frascos, las latas, los periódicos y los envases plásticos. El ver a Dios a tu alrededor crea automáticamente respeto por la vida. Nuestras acciones y palabras inconscientes sólo ocurren cuando nos olvidamos que Dios está donde nosotros estamos, en cualquier situación. Ahora es el momento de respirar profundamente y sentir conscientemente la presencia de Dios llenando nuestros cuerpos. Ahora es el momento de llenar nuestras mentes de pensamientos espirituales de bondad, compasión y amor. Ahora es el momento de ser la expresión de Dios en nuestro mundo. Sigue adelante y sé ese conducto universal de la energía de Dios. Nuestro mundo nos necesita a cada uno de nosotros —ahora.