Cuánto tardó

por Alan Cohen

 

En la ciudad francesa encantadora de Niza, una americana llamada Joan estaba comprando en el mercado al aire libre una mañana cuando vio a un hombre que se parecía al renombrado artista Pablo Picasso. A medida de que Joan se acercaba al hombre mayor y energético, estaba más segura de que sí era el pintor, uno de sus ídolos.

Nerviosa, Joan se acercó al hombre y le preguntó: “¿Perdone, es usted Pablo Picasso?” “Así es”, respondió suavemente él. ... “Mi intención no es molestarlo, señor, pero soy una de sus más grandes admiradoras. ¿Hay alguna manera de que usted estuviera dispuesto a tomar unos minutos y hacer un boceto mío? Con gusto le pagaré”.

Picasso retrocedió uno o dos pasos, estudió los rasgos de la mujer y respondió con una sonrisa, “Sí, lo haré”.

Joan casi se desmayó. Picasso recogió su cuaderno de bocetos que tenía cerca de la pata de una mesa llena de frutas y los dos caminaron aun café cercano, donde se sentaron en una mesa hacia un lado. Picasso abrió su cuaderno, sacó un pedazo de carboncillo del bolsillo de su chaqueta y comenzó a dibujar. Quince minutos más tarde, le mostró a Joan su obra terminada. Era espectacular —un Picasso auténtico ¡y de ella!

Joan tomó el retrato, lo abrazó y dio las gracias profusamente al maestro. Entonces, ella abrió su cartera, sacó la chequera y le preguntó: “¿Cuánto es?” 

“Cinco mil dólares”, respondió Picasso con seriedad.

A Joan se le cayó la quijada. “¿Cinco mil dólares? Pero, señor, el retrato sólo le tomó quince minutos dibujarlo”.

“No, señora”, respondió él muy serio. “Usted no entiende. El retrato me tomó ochenta años y quince minutos dibujarlo”.

Todo lo que has hecho te ha llevado a ser quien eres y lo que eres hoy. Todo lo que sabes y haces está edificado en las lecciones que pavimentaron el camino para este momento valioso. Cada fracaso y cada triunfo que has tenido, cada corazón amable y cada charlatán con quien te has encontrado, cada incursión en territorio no explorado y toda la información que lograste, todos han contribuido a tu sabiduría práctica. Estás parado en los hombros de todos tus errores, comprensiones, risas, lágrimas y años. ¡En verdad, eres más alto por todo eso!

Las cosas grandes son el resultado de muchas cosas pequeñas. Cuando logras algo que marca la pauta en tu negocio, conoces a la persona de tus sueños o finalmente te sientes bien después de una enfermedad crónica, no es por suerte ni por casualidad. Con el tiempo y la experiencia has edificado la conciencia para generar este cambio. El cambio puede parecer que es el resultado de un acto o conexión, pero ten la seguridad de que todo lo que has hecho ha contribuido a ello.        

Donde el camino se pone bueno
Uno de mis caminos favoritos para caminar en Maui conduce a una cascada escondida magnífica lejos del camino conocido. El camino a la cascada comienza como un ramal de un camino principal en un parque del condado. Un día cuando comencé a caminar por el camino a la cascada, vi que los oficiales del condado habían puesto un aviso que decía: “Fin del camino”. Al pasarle por delante al anuncio para continuar por el camino boscoso, me causó gracia pensar que lo que anunciaban como el final del camino era realmente el principio de un camino mejor. Si las personas hacían caso al aviso, éste les hacía creer que su caminata había terminado. Sin embargo, si seguían su guía divina, descubrirían que la caminata apenas comenzaba a ponerse buena. 

A menudo nuestro camino verdadero no es el aparentemente seguro —si examinamos el camino “seguro” éste conduce al entumecimiento y a la limitación. La única seguridad verdadera yace en ser fiel a ti mismo. ¿Qué dice tu corazón que te conviene?  Si vivieras de manera auténtica, ¿qué harías diferente? La autenticidad te guiará confiadamente a través de los mucho cambios que sucedan en ti y a tu alrededor. Confía en quien eres y en lo que eres y el universo te apoyará.

Conozco muchas personas que han experimentado finales abruptos, inesperados o dolorosos en el curso de sus vidas. Han pasado por la muerte o el divorcio de su cónyuge, retos de salud, despidos del trabajo y bancarrotas. Muchas de estas personas descubrieron que la experiencia fue el final de algo, mas que también fue un principio. Cuando comenzaron las nuevas vidas a las cuales fueron lanzadas, descubrieron regalos y bendiciones que, en muchos casos, fueron más satisfactorios que las etapas de la vida que habían “perdido”. Así que las pérdidas fueron simplemente escalones hacia la transformación; muchas de estas personas reportaron que sus vidas comenzaron después de sus divorcios o sus despidos.

Conocí a una mujer de más de sesenta años quien se había divorciado después de cuarenta años de matrimonio. ¡Y se veía radiante! Estaba vestida a la moda y era muy vivaz. Me confesó que durante su matrimonio todo lo que hizo fue el papel de esposa. “No tenía idea de cómo viajar, era socialmente inepta y ni siquiera sabía escribir un cheque!”, me dijo. “Cuando mi marido se fue, me sentí desolada. Luego, después que dejé de sentir lástima por mí misma, decidí saltar de nuevo a la vida. ¡Y qué salto ha sido! ¡Me siento feliz y en control de mi vida!”

Si piensas que estás al final de tu camino, piensa de nuevo —¡allí puede ser donde la vida de tus sueños realmente comienza!”