Corazón de amor

por Colleen Zuck

 

Los inviernos en Missouri ofrecen una gama de cambios: hay días sumamente fríos y otros en que la temperatura sube inesperadamente, al igual que temporadas de lluvia y sequía. Por cierto, los que nacen y crecen en Missouri acostumbran a decirles a los visitantes y nuevos residentes: “Si no te gusta el clima aquí, no te vayas, porque mañana cambiará”. Poco antes de la Navidad en 1954, yo tenía mucho frío, la nieve cubría nuestra comunidad en las colinas. El vecindario adquirió una apariencia surrealista en blanco y negro, un contraste de tierra y nieve. Nuestra casa, situada en un terreno de un acre y medio, se encontraba en una línea donde lo urbano comenzaba a mezclarse con lo rural.

Ésa fue la Navidad en que aprendí a diferenciar entre la prosperidad material y la espiritual: me di cuenta de lo que significa dar con la abundancia del amor de Dios que siempre está disponible para nosotros.

Mi madre era gerente de una tienda en nuestro vecindario, pero mucho más que eso, ella era el corazón de la comunidad. Apoyó el reciclaje mucho antes de que fuera conocido popularmente. En nuestra numerosa familia, la ropa pasaba de una persona a otra. Recuerdo lo alegre que me sentí cuando ya no me quedaban bien unos zapatos pasados de moda que mis primas y hasta mis tías habían usado. Mi madre coleccionaba juguetes para los niños de nuestro vecindario y los mantenía en buen estado, y también planchaba la ropa de las muñecas.

Esa fría mañana antes de Navidad, cuando yo tenía como trece años, mi madre me llamó a la cocina y comenzó a sacar envases del gabinete. Me dijo que teníamos que preparar desayuno, yo le pregunté por qué, ya que nosotras ya habíamos desayunado. Ella me respondió que se había enterado de que una de las familias vecinas no tenía comida. Dijo: “Jesús alimentó a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, y nosotros debemos conseguir suficiente comida en esta cocina para alimentar a una familia de siete”.

Mi madre comenzó a preparar panecillos. Después de mezclar los ingredientes, comenzó a amasar. Luego puso la masa en el molde para hornear panecillos grandes y redondos, suficiente para alimentar a doce personas. Después de meter el molde en el horno, me dijo: “Necesito que lleves esta comida para Kitty y sus niños”.

Me ruborizaba al pensar que tenía que llevar desayuno a esa familia. ¿Qué pasaría si a ellos no les gustaba? ¿Y si les avergonzaba no tener suficiente comida?

Mi madre y yo fuimos a la casa de Kitty sin hacérselo saber. Al tocar mi madre la puerta, un niño de aproximadamente siete años fue a ver quién era. Con la misma confianza con la que mamá ofrecía la comida en la mesa en nuestro hogar, ella le dijo: “Pensé que les gustarían unos panecillos”.

Al entrar en la casa, me sorprendí del frío que hacía adentro ya que no tenían calefacción. Otros cinco niños y su madre aparecieron luego.Una de las niñas, menor que yo, veía la bandeja de panecillos que yo sostenía en mis manos y me miró a la cara como si hubiera visto a un ángel. Yo me vi a través de sus ojos, y me sentí bien. Eso es lo que yo quería ser. La abundancia del amor de Dios compartida entre las dos familias y que llenó los espacios de ese pequeño hogar, me hizo sentir como un ángel.

Caminando de regreso a nuestra casa, mi madre y yo estuvimos calladas, pero me sentí muy bien y feliz. Y desde ese día disfruté al ayudar a mi madre a compartir su corazón de amor, dando lo que teníamos para dar. Aprendí que no hay gesto ni regalo pequeño o insignificante cuando se ofrece para honrar el amor de Dios.

Años después cuando conocí a Unity, comprendí que mi madre tenía una conciencia de prosperidad, lo que es parte de las enseñanzas de Unity. Aunque ella no ha tenido mucha riqueza material, siempre ha sabido expresar el amor de Dios abundantemente. En vista de que ahora sufre de Alzheimer, hay veces en que no sabe cómo alimentarse a sí misma. Frecuentemente, cuando la alimento, ella me hace saber con palabras o gestos que quiere que yo comparta su comida, e incluso que comience a comer yo primero.

Sí, el amor de Dios que mi madre expresa es más fuerte que el Alzheimer y cualquier otra condición o circunstancia. Qué prósperos somos cuando amamos y estamos dispuestos a amar.