Contemplando el Cielo en la Tierra

por Paul John Roach

 

Cuando era adolescente solía ir de paseo por las colinas que rodeaban la ciudad de Cardiff, Gales, donde viví esos años. Era una hermosa zona con granjas, prados y bosques.

¿Qué hizo que este lugar fuera tan significativo para mí? Avivó algo en mi alma; la tranquila belleza de este lugar me llevó a creer que observaba una parte del misterio de la naturaleza y el orden. Como resultado, dicho lugar me hacía sentir renovado y listo para volver al mundo de los juegos de futbol, la escuela y las chicas con un mayor sentido de posibilidad. Hoy en día probablemente definiría como experiencias místicas el tiempo que pasé mirando los riachuelos en el bosque. Fueron momentos en los cuales reconocí que lo interno y lo externo, el Espíritu y la materia son uno.

Yo creo que tenemos momentos similares de conexión con la naturaleza. Cuando dicha conexión se establece, nos damos cuenta de la completitud o santidad a nuestro alrededor y en nosotros, y ésta impregna el mundo en que vivimos. Con frecuencia, el ajetreo y las complejidades de nuestras vidas ocupan la mayor parte de nuestra energía. Los tiempos de conexión y armonía parecen sueños agradables, pero poco realistas.

Sin embargo, estos no son objetivos poco realistas. Mantener una relación con la naturaleza y encontrar nuestro lugar en nuestro entorno no son un lujo ni están reservados sólo para la naturaleza, los místicos y los poetas como Wordsworth, Thoreau o W. B. Yeats. Son componentes esenciales para una vida útil y feliz.

Estudio tras estudio ha demostrado que los niños de zonas urbanas que han tenido relación con la naturaleza, árboles e incluso con mascotas son más adaptables y menos violentos que aquellos que no han tenido esta oportunidad.

Esta conexión con un orden más profundo de las cosas puede comenzar simplemente con una caminata. Como lo escribió el gran naturalista y fundador del Sierra Club, John Muir: “Sólo salí a dar un paseo, y ultimadamente, determiné quedarme hasta la puesta de sol, al salir me di cuenta de que realmente entraba”.

La salud mental y paz profunda que nos ofrece el mundo natural están ganando terreno hasta en la prensa. Mientras escribía este artículo, tomé una copia del USA Today y, como por coincidencia, el encabezado de la sección Life decía: “Un lugar santo tan grande como todo lo que está al aire libre — los  creyentes se conectan con Dios fuera de las estructuras religiosas”. ¡Sí! En el artículo, el rabino Jamie Korngold, autor de God in the Wilderness, escribió: “Estás sin aliento, tan maravillado y cansado, que no puedes decirle no a Dios”. Este enfoque visceral nos enraiza en las vitalidades del cuerpo. La respiración y los latidos del corazón son ritmos de Dios que cursan a través de nuestros cuerpos. El cuerpo del universo (exterior) y nuestros cuerpos físicos (en el interior) se convierten en uno.

Más comentarios del rabino Korngold: “Puedes tener una experiencia de asombro similar viendo la lluvia caer sobre las vidrieras de la ciudad”.  Puedes tenerla con cada aliento que tomes. Puedes obtener endorfinas espirituales yendo al patio de tu casa”.

Así que este es nuestro trabajo. Nuestra responsabilidad gozosa como seres humanos conlleva que participemos en la creación, reconociendo y apreciando la presencia del Espíritu en la hierba que crece bajo nuestros pies, en nuestro propio lugar donde el cielo y la tierra se encuentran, en la interacción magnífica de lo humano con lo divino.

Este artículo es un extracto de uno que apareció originalmente en el ejemplar de julio-agosto de 2010 en la revista Unity Magazine. Paul John Roach es el ministro encargado de la iglesia de Unity en Forth Worth en Texas.