Con el poder de la oración

Con el poder de la oración
Rev. Linda Martella-Whitsett

Artículo de La Palabra Diaria

La unidad del Cuerpo de la Infantería Marina Estadounidense de mi hijo Adrián fue enviada a Iraq en 2003 con las primeras tropas para derrocar el gobierno de Saddam Hussein. Inmediatamente, me uní a las otras madres que mantenían una vigilia según sus hijos e hijas iban a la guerra. Intensifiqué mi práctica de oración y descubrí el poder de la oración como nunca antes.

Ahora, recordando esos momentos, considero que esa fue una etapa determinante en mi vida espiritual. Descubrí que el poder de la oración no yace en darle nuestras preocupaciones a Dios o pedirle que cambie las condiciones. Oré para ser de ayuda y para no sentirme desolada, y para permanecer arraigada a la Verdad eterna en vez de estar a la merced de las emociones. Yo quería seguir el ejemplo de Jesús.

¿Qué hizo Jesús al enfrentar retos? Jesús se mantuvo en medio de terribles circunstancias humanas sin ser sacudido por lo que reportaban los sentidos. Él fue a Su interior, a la Fuente de todo poder. Cuando él nos dijo: “El Padre y yo uno somos”, él expresó y dio vida a su naturaleza divina. Jesús habló con autoridad espiritual, poniendo en acción a la vida divina, superando toda condición humana. Yo quería seguir su ejemplo.

Orar como lo hizo Jesús

¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Jesús? Primero, cuando oramos, en vez de buscar a Dios, buscamos comprender Su naturaleza. Mi intención al orar por mi hijo, era envolverlo en amor; por consiguiente, contemplaba la naturaleza divina como amor. El poder de Dios, el cual establece armonía y unidad, me daba la seguridad de que nunca podía estar separada de Adrián, a pesar del tiempo, las formas o la distancia. Tuve la certeza de que si Adrián vivía o moría, el amor entre nosotros nunca dejaría de ser.
Segundo, reconocemos que nuestra naturaleza divina es nuestra verdadera esencia afirmando que “El Padre y yo uno somos”. Sabemos que porque “Dios Es, Yo Soy”. Al orar mantenía la intención de reconocer y respetar el propósito de la vida de Adrián. Yo podía reconocer que Adrián seguía su propósito con pasión y un sentido de justicia. Observé que tal propósito debe ser guiado con juicio justo —el don de la sabiduría.

Al contemplar la naturaleza divina con sabiduría y entusiasmo, avivaba esos dones en mí y los afirmaba para mi hijo. Dios es sabiduría y entusiasmo; por lo tanto Yo Soy sabiduría y entusiasmo; y Adrián es sabiduría y entusiasmo. Deliberadamente obvié mi preocupación, afirmé que Adrián estaba sirviendo un gran propósito ayudando a establecer la libertad para muchas personas. Comencé a visualizar a mi hijo respondiendo ávidamente a su guía interna, consciente y seguro de cuándo proseguir y cuándo permanecer tranquilo. Lo imaginé hablando palabras de aliento que ayudaran y sosegaran a sus compañeros, que los alentaran a proseguir por los peligrosos y difíciles caminos en ruta a Bagdad. Continuamente recordaba la verdadera naturaleza de Adrián y de sus dones de sabiduría y entusiasmo.

Tercero, para que la oración sea poderosa, debe inducir un cambio. El poder no yace en pedirle a Dios que cambie la situación, más bien, como dijo Gandhi en “ser el cambio que queremos ver”. Nuestro vivir debe demostrar que comprendemos nuestra naturaleza divina. ¿De qué nos sirve tener talento musical si nunca lo llegamos a expresar? ¿De qué nos sirve nuestra naturaleza divina si no la avivamos y demostramos con palabras y acciones?

Orar por Adrián me cambió. Llegué a comprender lo fútil de la preocupación. Aprendí a mantenerme centrada en el amor, la sabiduría y el entusiasmo divinos. Ahora vivo plenamente y con confianza en el presente. La oración eficaz me da poder según mantengo una visión alta para mi hijo.

Linda Martella-Whitsett es una ministra Unity ordenada que sirve en Unity de San Antonio en Texas. Adrián Whitsett es un reportero de noticias de televisión en Omaha, Nebraska.