Centro de Paz

Russell E. Smith

 

En lo profundo de tu ser hay un lugar de una calma infinita al cual te puedes retirar de las preocupaciones del mundo, donde encuentras la seguridad de la presencia de Dios en tu vida y del poder de Dios para bendecirte.
 
Toma tiempo para encontrar este lugar. Haz tiempo, si es preciso, pero encuéntralo. El centro de paz yace en tu ser interior, aguardando el reconocimiento e invitándote a entrar a su calidez y amor.
 
Cuánto debía apreciar el Salmista este centro de paz. “Junto a aguas de reposo me pastoreará” (S. 23:2). “Meditad en vuestro corazón… y callad” (S. 23:2). “En paz me acostaré y asimismo dormiré” (S. 4:8). Estas palabras permanecen como un testimonio eterno de la calma en la cual todos nosotros estamos centrados.
 
En este lugar de quietud la falta de armonía cesa, la tristeza es eliminada y el odio es convertido en amor. Aquí, en este quieto lugar interno, Dios nos asegura: Paz, hijo mío. Estoy contigo siempre.
 
¿Cómo entramos a este centro de paz? ¿Cómo encontramos las aguas tranquilas internas?
 
Jesús dijo que “El reino de Dios está entre vosotros” (Lc. 17:21). No encontramos la paz en las cosas del mundo a nuestro alrededor. La encontramos solamente en nuestro interior, en lo más íntimo de nuestro ser. Buscarnos en lo externo es buscar en vano. Sólo en nuestro interior hay paz, o la esperanza de paz.
 
Cuando encontramos el centro de paz en nuestro interior, encontramos poder. Encontramos fortaleza para las actividades del día. Encontramos renovación de nuestros cuerpos y mentes. Encontramos sustancia para nuestro pan de cada día. Allí, en la quietud, comienzan las bendiciones de Dios, porque allí en la quietud está Dios, el dador de todos los regalos.
 
¿Dónde está la fuente de poder que ilumina tu luz eléctrica? ¿Está en el filamento que brilla cuando pasas el interruptor? No, la fuente no es el bombillo. Ni tampoco está en el interruptor ni en el cable.
 
Sigue el cable. ¿Encuentras la fuente de poder en los transformadores? No, no está allí. ¿La encuentras en las turbinas enormes en la base de la represa? No, tampoco está allí.
 
¿Está en el agua que cae, corre por las aberturas de la represa y hace funcionar las turbinas? No, ni siquiera en el agua que corre.
 
El agua que corre, las turbinas, los transformadores, los cables, el interruptor y el bombillo todos dan evidencia de poder. Pero, ¿dónde está el poder? ¿Qué causa toda la actividad eléctrica, desde la represa hasta tu bombillo, el cual ilumina tu habitación en la noche como que si fuera el mediodía?
 
Detrás de la represa hay un gran lago de aguas tranquilas. Aquí, en la quietud de las profundidades de este lago, está el poder. Sólo en la quietud hay poder.
 
En la paz y la calma de tu ser interno hay poder. A medida que entras a la quietud de tu alma por un rato cada día, encuentras todo el poder que necesitas para renovarte para las actividades que tienes por delante. Sigue esa línea de poder hasta su fuente. Entra a tu conciencia, a la quietud en el centro de tu ser.
 
Pasa el interruptor que apaga tu atención a las cosas de tu mundo externo. Entra, pasa por sobre los cables de preocupación por las situaciones cotidianas y déjalas atrás. Pasa a través del transformador de tu mente pensante que convierte las ideas divinas en proyectos humanos y déjala atrás. Pasa la gran represa y las turbinas de tu naturaleza emocional, donde las aguas comienzan a correr a la conciencia como pensamiento y sentimiento. Allí encuentras las aguas de reposo del Salmista.
 
Has encontrado la calma infinita, el centro de paz.
 
Aquí comulgas con tu Señor. Aquí eres renovado por las tareas del vivir que tienes por delante. Aquí encuentras tu sustancia y sustento diario. Aquí eres repuesto en el poder de Dios. Aquí recibes la seguridad de que toda necesidad es satisfecha.
 
Una vez que has encontrado este lugar de calma infinita en ti, confía, como la oveja confía en el pastor. Tu necesidad es la seguridad de Dios de satisfacción. Cuando hayas comulgado con Dios junto a aguas de reposo, continúa con tu vida, confiando en las promesas eternas de Dios.
 
Eres una creación de Dios y Dios es tu Creador. Confía en el amor de Dios por ti.
 
Visita a menudo el centro de paz interna.
 
Confía. Está en paz.