Candidata al libro de récords

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Kay McReynolds McKemy

Artículo de La Palabra Diaria

El ministro de la Iglesia Unity of the White Mountains, en Lakeside, Arizona, comenzó el servicio dominical preguntando por cuánto tiempo habíamos sido estudiantes de Unity: ¿Cinco años? ¿Diez? Él se sorprendió al ver que mi mano continuaba levantada aun cuando había llegado a 80 años. Le expliqué que mi madre descubrió a Unity y a La Palabra Diaria, que fue publicada en inglés por primera vez cuando ella estaba embarazada conmigo, en 1924.

Ella estaba tan emocionada por este “nuevo” enfoque en cuanto a la religión que leía los mensajes en voz alta a su bebé y determinó enseñarme la espiritualidad de Unity desde mis años más tiernos.

La primera lección que me enseñó fue: “Amo a todo el mundo y todo el mundo me ama a mí”.  Yo la repetía varias veces al día y, con el pasar de los años se convirtió en: “El amor refleja amor”. Ella me inculcó la importancia de ser amable y saludar a las personas.

Una vez que maduré un poco, ella me suscribió a Wee Wisdom, una revista de Unity para niños. Yo esperaba mi revista cada mes con anhelo, y leía y releía sus relatos, lo que realmente influenció mi crecimiento espiritual. De hecho, tuve mi primera demostración de fe después de haber leído un relato acerca de una niña que tenía una verruga en su mano. Si recuerdo correctamente, ella comenzó a ver su otra mano pensando lo bella que era. Y, un día, su verruga desapareció.

Yo había probado sin éxito innumerables remedios tratando de deshacerme del mismo problema, una verruga que tenía en el pulgar izquierdo. Yo tenía como siete años y creía que todo lo que estaba impreso era verdad.

Comencé a ignorar mi pulgar izquierdo mientras que le decía al derecho: “Tú eres el pulgar perfecto de Dios”. Sencillamente, dejé de prestarle atención al pulgar izquierdo. No recuerdo cuánto tiempo pasó para que mi pulgar sanara. ¿Me sorprendió que lo hiciera? Por supuesto que no. Yo sabía que iba a sanar.

Pagar por las suscripciones de La Palabra Diaria y de Wee Wisdom no fue fácil durante la depresión económica en Estados Unidos.  Mas Mamá tenía una Alcancía de Prosperidad  de Unity en donde ahorraba un centavo cada día. Cerrando los ojos ella decía: “Hay suficiente para todos nosotros”. Cuando nos sentábamos para disfrutar de una cena caliente en un hogar acogedor, mi Papá expresaba: “¡Somos ricos!”  

Las afirmaciones de Unity me han ayudado a superar un sinnúmero de retos. Cuando estaba en la universidad, y luego cuando hice un postgrado, tuve más éxito que el que mi coeficiente intelectual hubiera podido predecir. Antes de un examen, siempre afirmaba cerrando los ojos: “El Espíritu sabio de Cristo circula por mi cerebro, estoy lista para el examen”. ¡También estudiaba mucho!   

Luego, cuando enseñaba inglés y literatura en la universidad, antes de cada examen final, les decía a mis alumnos: “Ahora, estén bien callados, cierren sus ojos, cálmense y visualicen cómo un río de conocimiento se mueve desde sus cabezas hacia sus brazos, hasta llegar a sus manos”. La primera vez que lo hice, tuve miedo de que, siendo ellos adolescentes de 18 años, se rieran; mas no lo hicieron. De hecho, parecían bien calmados y prestos para escribir, exceptuando aquellos que no habían estudiado, por supuesto. ¡Oh, bueno, no las puedes ganar todas!

Pero he ganado bastante. He ayudado a mis dos hijos a superar crup, apendicitis, operación de amígdalas y fractura de huesos. ¿Qué madre no lo ha hecho? Algunas oran, otras dicen afirmaciones. Para mí, lo importante es afirmar salud, visualizar un oasis hermoso donde el Espíritu crístico nunca pueda secarse. Con esto no quiero decir que nunca he cometido errores o que mi fe no ha sido puesta a prueba.

Durante un período de nueve meses, mi querido cuñado, mi único hermano y mi esposo sucumbieron al cáncer. Mi esposo enfrentó la enfermedad con mucha valentía, mas cuando el final llegó, yo me sentí aliviada porque él ya no estaba sufriendo. Afirmé: “Amorosamente en manos del Salvador”. De más está decir que lloré mucho y que tuve innumerables interrogantes.

Durante este tiempo, Unity Magazine publicó un artículo que decía que cuando tenemos que superar grandes sufrimientos, nos preguntemos: “En un año, ¿me sentiré orgulloso por lo que hice y dije hoy?” Tal artículo me dio fortaleza y me mantuvo sana.

Para poder lidiar con el dolor tan profundo que estaba sufriendo, leí ediciones de La Palabra Diaria actuales y pasadas, especialmente los mensajes de “Dejar ir”. Cuando mi hermano estaba a punto de morir, le susurré: “Sabes, Bob, a veces tienes que dejar ir y entregar todo a Dios”. Él me respondió: “Sí, realmente eso es algo bueno que decir”.

Nueve años después, esa afirmación ayudó mucho a mi madre, quien tenía 103 años de edad. Le dije. “Mamá, puedes dejar ir y entregar todo a Dios”. Ella me respondió: “¿De verdad?” Entonces pareció recordar y dijo: “Sí, eso es lo que he de hacer”. He tenido, también, muchos momentos alegres. Siempre me he sentido afortunada porque mi mamá encontró a Unity y a La Palabra Diaria.
 

Después de haber tenido una carrera cono escritora, ensayista y profesora de universidad, Kay McKemy está ahora retirada y reside en Arizona. A la edad de 85 años, Kay ha decidido escribir las memorias de su familia.