Cada día Namaste

por Rev. Robin Reiter

 

Una impresionante puesta de sol… el sonido de niños riendo… un exquisito paisaje pintado por un artista brillante… la pluma majestuosa de un pavo real. Hay tantas cosas bellas en el mundo para observar y maravillarse. Sin embargo, para mí, no hay nada más hermoso que experimentar o ser testigo de un momento Namaste.

Namaste es una antigua palabra sánscrita que significa esencialmente: “Lo Divino en mí honra lo Divino en ti”. Existen tres componentes clave para la práctica Namaste. En primer lugar, comprendemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que nuestra verdadera esencia es divina.

En segundo lugar, también estamos conscientes de esa verdad con respecto a otros.

Y, por último, no sólo reconocemos esa verdad, sino que actuamos según ella. Cuando actuamos partiendo de una conciencia Namaste, buscamos honrar, bendecir, apreciar, servir y amar a los demás.

En mis 25 años en Unity, he vivido miles de momentos Namaste. En un ritual llamado “Lluvia de ángeles”, he caminado por el centro de dos líneas de personas que me han bendecido con un toque honrado y susurrando palabras de afirmación en mi oído mientras pasaba. En retiros, he dirigido participantes a encontrar un compañero, mirarle a los ojos y cantarle “Tu eres el rostro de Dios”, de la cantautora Karen Drucker.

Una y otra vez en los eventos juveniles y el los servicios de la iglesia, me he unido a la práctica de extender nuestras manos hacia una persona diciendo: “Te amamos, te bendecimos, te apreciamos, te amamos y vemos el Cristo en ti”.

En cada uno de estos momentos mi corazón se ha abierto y he sentido la presencia de Dios.

Momentos Namaste como estos siempre me bendicen, mas nunca me sorprenden.

Hace poco fui verdaderamente bendecida y gratamente sorprendida por un magnifico momento Namaste. Mientras estaba de vacaciones en Orlando, fui despertada por un hermoso canto. Me vestí y, al salir, me di cuenta de que en el patio de nuestro hotel se estaba celebrando una boda hindú. La melodía que escuché fue el canto sagrado que le da la bienvenida a la novia según ella camina al altar. Todo era sumamente hermoso. Los invitados a la boda estaban vestidos con majestuosos trajes tradicionales. Las mujeres lucían saris bordados con cuentas, pareos, joyas y un bindi en el centro de sus frentes. La ceremonia estuvo llena de rituales y tradiciones que comprendían a las familias de los novios. Lloré ante la belleza de tal escena.

Muchos de los huéspedes del hotel se reunieron para ver esta increíble ceremonia. En el balcón al lado mío, una mujer se sentó a observar con ojos muy abiertos y llenos de lágrimas. Me di cuenta de que ella llevaba el membrete de identificación de la convención de católicos que se estaba celebrando en el hotel. Ella se volteó a mirarme y dijo: “¿No te parece bellísimo?”

Allí estaba, Namaste. Ella pudo ver la santidad, lo sagrado y lo bello en las personas; las diferencias religiosas desaparecieron en aquel momento de unidad. Sentí que mi corazón se abrió y permití que lágrimas de gratitud fluyeran. Creo que estamos aquí para practicar Namaste; no sólo en los cómodos confines de nuestro mundo feliz Unity, sino en todas partes, todos los días, con todas las personas.