Amor

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

A todo el mundo en el seminario se le dio un paquete con pequeñas tarjetas en las que se leía: "Eres amado {o amada)". La tarea fue sencilla: distribuyan todas las tarjetas durante el fin de semana y, al hacerlo, den la energía de su amor con ellas.

Las tarjetas fueron puestas dentro de cartas, algunas fueron dejadas con propinas en restaurantes, otras fueron puestas anónimamente en libros de otra gente y sobre sus escritorios. Las tarjetas simbolizaban una expresión de amor, y todo el mundo se sentía bien al recibirlas. Sin embargo, los dadores fueron los que se sintieron mejor. Para ellos, fue la renovación de una conexión con el amor, y cada vez que dejaban una tarjeta, permitían que esa conexión llegara a ser más fuerte, y esto les hacia sentir muy bien.

Parece haber tres clases de amor. Uno de ellos puede ser llamado "amor sensual". Este amor es principalmente egocéntrico y se expresa por el puro placer físico o por satisfacción personal. Es un amor egoísta. 'Te amo sólo porque me hace sentir bien". Amamos a otra persona sólo porque nos hace sentir bien, o para llamar la atención de otros. Estas clases de relaciones, basadas en el amor sensual, están destinadas al fracaso.

Otro tipo de amor es el amor condicional. Este amor está fundamentado en un quid pro quo. "Si me amas, te daré mi amor". Este amor no es dado libremente pero, hasta cierto punto, es un canje o cambio. Amar o retener el amor depende de si éste es reciprocado por otra persona y/o cómo lo reciproca.

El tercer tipo de amor, la forma más pura, es el amor de Cristo. Expresamos este amor por el puro gozo de amar. El amor crístico es completamente incondicional y espontáneo. Este amor reconoce que no necesita a nadie para burbujear libre y espontáneamente del manantial de todo amor: la presencia de Dios en nosotros. Este es el amor que Jesús enseñó y practicó; el que sintió la gente al regalar esas tarjetas que decían: "Eres amado (o amada)". La esencia del amor de Cristo es: "Soy amor"'.

La gente amorosa no lucha por lograr amor, ella admite el amor. Si piensas en la gente más amorosa que conoces, lo más probable es que no ellas no se esfuerzan para amar. Sencillamente son fieles a su esencia: el amor.

El amor que expresamos plena e incondicionalmente es el único amor, sin embargo, no todo el mundo expresa siempre tal amor. Muy a menudo dejamos que otros nos persuadan en pensar que debemos rehusarles nuestro amor. Se ponen máscaras de cólera y adoptan actitudes de odio para inducirnos a darles sólo amor condicional o, lo que es peor, ¡ningún amor!

Cuando las personas nos tratan de una manera ofensiva, es importante amarlas. Ciertamente es fácil juzgarlas como indignas de nuestro amor, mas, al negarles nuestro amor, nosotros, primero, nos privamos de amar. ¿Somos indignos también?

Si tienes duda sobre amar a alguien, recuerda la admonición de Jesús: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mt. 25:40).

El grado en el cual dejas que tu amor fluya incondicionalmente en todas las direcciones, es la medida inherente y automática de cómo permites que Dios se exprese en tu vida. Tu cociente de amor nunca es más alto que la menor cantidad de amor que das a una persona, no importa cuánto creas que amas a otra.