Amar porque sí

Amar porque sí
por Marci Shimoff

Artículo de La Palabra Diaria

Cuando aprendí a meditar siendo adolescente, la instrucción que me dieron fue: “Deja ir. Recibe lo que llega”. Recuerdo la primera vez que logré tocar ese lugar de silencio. Sentí que había llegado a casa. Olvidé mis pensamientos y mi cuerpo. Me sentí en paz, completa —como si fuera parte de un tapiz que comprendía y conectaba toda vida.

Al salir de mi estado meditativo, y antes de comenzar con mis pensamientos usuales, noté que no estaba vacía, sino muy llena de amor. No era Marci, ni tenía 16 años. Era solamente amor. Ese fue el comienzo de mi búsqueda por experimentar regularmente este estado de amor —al cual me refiero como Amar sin una razón— sin importar lo que estuviera ocurriendo en mi vida.

Después de treinta años de dicha experiencia, comencé a escribir mi libro: Amar porque sí: Siete pasos para alcanzar la felicidad desde el interior. En mi investigación, entrevisté más de 150 personas que aman incondicionalmente —a las cuales llamo Luminarias de Amor— y todas me dijeron que el amor no es sólo un sentimiento que sentimos por otras personas, que realmente es quienes somos.

La gente busca recibir amor de cierto modo y de personas específicas. Son como “mendigos de amor” extendiendo su mano para que les den unas cuantas gotas de amor, con la intención de llenar un vacío interno.

Sin embargo, cuando experimentas la verdad de que estás compuesto y rodeado de Amor, te calmas y tu energía se expande. Te conectas con el océano de amor en ti y automáticamente te conviertes en un “filántropo de amor” y tu amor se derrama hacia las personas a tu alrededor.

Al hacer las entrevistas aprendí que no llegas a ser un “maestro de amor” por casualidad, sino que lo logras gracias a ciertos hábitos que puedes aprender. Una práctica sencilla, mas poderosa, para establecer la experiencia de amor incondicional es invitar a la Gracia Divina. Ciertamente, tal como lo experimenté siendo joven, la meditación es un método poderoso para abrirnos a la Gracia, la oración también lo es.

De dos de mis Luminarias de Amor, aprendí el poder de la oración de Gracia Divina, con un agregado en particular: Puntos de Gracia. Los Puntos de Gracia, creados por Edward Conmey, son puntos de presión en las manos que, cuando son tocados suavemente, activan los meridianos en el cuerpo que están conectados con el corazón.

El punto de gracia principal que se encuentra en medio de la palma de la mano (ya sea izquierda o derecha), ancla el positivismo y desata la energía bloqueada. Orar conscientemente con una intensión, al mismo tiempo en que presionas estos puntos, hace que tu cuerpo se relaje y te lleva a un estado de claridad y paz. He aquí cómo hacerlo:

  1. Comienza manteniendo la intención de invitar a la Gracia Divina en tu vida.
  2. Usa el pulgar de una mano para tocar el centro de la palma (el punto principal de gracia) de la otra mano.
  3. Mantén la presión en ese punto por 30-60 segundos, según repites esta oración, callada o audiblemente:

Me abro a la Gracia Divina y permito que me llene ahora. Vivo en la Gracia Divina según prosigo con mi vida. Confío en que la Gracia Divina me da todo lo que necesito. La Gracia Divina me sostiene ahora. La plenitud de la Gracia Divina rebosa de mí. Así es.

La Gracia y el Amor Divinos son lo mismo. Cuando te entregas a lo Divino, la vida se torna “agraciada”. Sabes que todo lo que pasa en tu vida te lleva a la expresión máxima de amor, un amor más allá de la razón.

Tomado del libro: Amar porque sí: Siete pasos para crear una vida de amor incondicional (disponible en español para finales de año) por Marci Shimoff y Carol Kline. Los “Puntos de Gracia” han sido usados con permiso de Edward Conmey y “La Oración de Gracia” con permiso de Connie Hebner.