Al abrigo del Altísimo parte 2

por Allen Liles

 

Encontrando el lugar secreto

¿Cómo nos transportamos a este lugar secreto? ¿Cómo obtenemos el acceso divino a él? Y, una vez que hayamos logrado entrar, ¿cómo descansamos y vivimos en él continuamente? Otra pregunta es ésta: Una vez que hayamos logrado entrar, ¿podemos perder realmente la llave sagrada que abre la puerta del lugar secreto?

Hallar nuestro centro de paz comienza con identificar el ambiente físico apropiado. En algún lugar en nuestro mundo material existe un espacio ya preparado para nosotros. Nuestro deber es encontrarlo. Este santo lugar puede ser una silla, un sofá, un cuarto, un antepecho de ventana, o un porche en frente o detrás de la casa, o puede ser un lugar fuera debajo de un árbol, un jardín de flores, o miles de otros lugares. Cuando llegamos a nuestro lugar santo, ocurre una preparación. Estamos listos para entrar en el silencio.

En este silencio es donde nuestra conexión con Dios empieza. Comenzamos desvinculándonos del ruido en lo externo y alineándonos con la calma en el centro de nuestro ser. Este viaje a la unidad con el Espíritu permanece singularmente nuestro. Ningún alma jamás viaja exactamente por el mismo camino que otra. Podemos llegar a nuestro centro espiritual despacio o casi en seguida. La rapidez no irnporta, sólo importa que empecemos conscientemente nuestra búsqueda de la Presencia.

El descansar en el silencio puede ser desalentador para muchos viajeros espirituales. Nuestras mentes ocupadas a menudo carecen de la habilidad de dejar ir y permitir que el Espíritu entre en nuestra conciencia. La mayor parte de nosotros tiene la necesidad humana de controlar nuestros pensamientos. El dejar que el hábito de controlar se disipe requiere madurez espiritual y confianza. Sin embargo, nuestra conciencia interna de Dios no puede suceder hasta que la verdadera entrega ocurra.

Para encontrar el lugar secreto, debemos dejar que el mundo se encarge de sí mismo. Ponemos a un lado toda preocupación y ansiedad. En nuestro objetivo de unirnos finalmente con la Mente de Dios, debemos calmar todo ruido externo. Mucha gente usa una palabra, frase o pasaje de la Biblia que ayuda a apartarla de lo externo. No importa el método que se use, Ia quietud debe prevalecer finalmente. La mente ocupada tal vez se retire con renuencia, pero debe retirarse para permitírsele acceso a Ia Mente Divina.

Una vez que esta limpieza mental tiene lugar, nuestro verdadero viaje comienza. Nos aventuramos hacia el lugar secreto del Altísimo. Aquí recibimos purificación. La fortaleza, el poder y la sabiduría de Dios purifican toda duda, temor, ansiedad e incertidumbre. La polución negativa que por lo general satura nuestros pensamientos es eliminada. Vinculamos nuestra mente consciente con la superconsciencia que siernpre permanece en el centro de nuestra espiritualidad innata. Nos levantamos a otro nivel y descubrimos nuestro ser más elevado. Este es el ser que contempla prontamente, el Cristo en toda gente y situación, el ser que detesta juzgar a otros y vive en un estado constante de perdón, protección y gracia. En este espacio elevado, el lugar secreto se vuelve una realidad. La voz quieta y apacible puede aparecer como cornpañera y guía a medida que nos movemos a este bendecido santuario de paz. Experimentamos una verdadera conciencia de Dios al sentir o, en realidad, percibir la presencia del Espíritu expresándose. Al escuchar en lo más profundo de nuestro ser, nos aprovechamos del conocimiento de las edades.

¿Cómo podemos saber que esta voz interna habla verdaderamente de lo alto? Si el mensaje contiene pensamientos de esperanza, valor, consolación, fortaleza, sabiduría, aliento y amor, estamos en verdad unidos a nuestra Fuente.

Una vez terminado este tiempo de descanso en el lugar secreto, llega el momento cuando debemos volver al mundo material. El prepararnos para salir mentalmente de tal centro de calma y tranquilidad puede ser difícil. Pero podemos volver ahora a nuestro mundo físico renovados y restaurados. Sin embargo, antes de dejar este refugio interno nos queda la necesidad de dar gracias. Hemos recibido realmente un regalo importante. Aunque el lugar secreto no tiene un precio de entrada, es necesario y apropiado expresar gratitud. Un simple "Gracias, Dios" siempre basta. Hemos estado en la presencia y protección del único Espíritu y la única Presencia en el universo.

¿Cuándo y cuán a menudo podemos volver al lugar secreto del Altísimo? Esto es opción nuestra. Podemos viajar a la capilla del silencio en cualquier momento que deseemos. Dios siempre nos da la bienvenida a este reino extraordinario. Todo minuto que pasamos en comunión con el Espíritu nos acerca más a la perfección espiritual. Finalmente, llegará el día cuando vivamos más en el lugar secreto del Altísimo que en el reino externo. Cuando llegue ese momento, una vida de paz y seguridad se volverá más posible. Descansamos continuamente en la luz, el amor, el poder y la presencia de Dios, y sabemos que todo está bien. Afrontamos nuestras confusiones, ansiedades y retos diarios con la seguridad de que nuestro sitio de protección está tan cerca como una oración.

Continuación.


Allen Liles

Rev. Allen Liles es escritor y ha sido ministro Unity por mucho tiempo. Su nuevo libro se Sitting With God: Meditating for God's Divine Guidance.