Abuelo Quell

Abuelo Quell
Thomas Shepherd, D. Min.

Artículo de La Palabra Diaria

Mi abuelo, William Henry Quell (1911-1974), sólo estudió hasta el séptimo grado de primaria. Él y mi abuela fueron los que me criaron. Él es la única imagen paterna que conozco, y déjame que te diga, él no era muy bueno como padre. ¡Trabajaba todo el tiempo! Mi abuelo trabajaba toda la noche y luego manejaba autobuses escolares durante el día. Llegaba a casa entre la mañana y la tarde para dormir. Yo quería un padre que jugara conmigo, mas él siempre iba saliendo con su vianda en la mano. Él tampoco hablaba mucho. Y yo pensaba que él era poco inteligente.

Mas, cuando mi abuelo tenía una década de muerto, me di cuenta de que el inglés no era su primer idioma. Él era del área alemana de Pennsylvania. Mi abuelo Quell era ayudante de mecánica de la compañía de autobuses de Reading, Pennsylvania. Nunca llegó a ser mecánico. Apenas recibió educación y tenía problemas para leer el periódico.

A mi abuelo no le faltaba inteligencia, sino educación. No fue educado académicamente, por consiguiente, tenía problemas entendiendo temas tales como historia, política, literatura, arte o filosofía. No era culpa suya, y con seguridad no se debía a que fuera perezoso. William Henry Quell dejó la escuela a la edad de 12 años para ir a trabajar, no solamente porque su familia necesitaba el dinero, sino porque eso era lo que los jovencitos de la clase laboral hacían en los pueblos que tenía factorías durante los años 20. Lo único que él esperaba de la vida era un salario para vivir, beneficios adecuados y poder retirarse dignamente.

Estaba por mudarme nuevamente a Reading de Denver, Colorado, en junio del 1974 para asistir a una universidad de teología y hacer el segundo y tercer año de mi educación religiosa en un seminario cerca de casa. Mientras manejaba a mi destino, mi abuelo murió de un ataque al corazón el día de mi cumpleaños, el 10 de junio de 1974. Él apenas iba a cumplir 63 años de edad y no sobrevivió para recibir Seguro Social.

Mi abuelo tenía dos trabajos, limpiando los autobuses de la ciudad durante la noche y manejando autobuses escolares durante el día; y no tuve la oportunidad de darle las gracias. Fue hasta hace poco que comprendí que la razón por la cual trabajaba tanto era para que yo pudiera estudiar bachillerato, una educación que para él debió ser tan importante como un grado universitario. Ahora, gracias a su inversión en mi futuro, yo he logrado un doctorado.

Al pensar en el Día del Padre, agradezco profundamente todos los padres y abuelos —todos los abuelos Quell— que tienen múltiples trabajos para poder criar a los niños que el día de mañana darán forma a nuestro mundo de un modo no imaginado. El ser padre, cuando se hace cabalmente, es un ejemplo de amor inmensurable.
 

Thomas Shepherd enseña en el Departamento de Estudios Teológicos e Históricos del Instituto Unity, en Unity Village, Missouri, U.S.A.