¿Qué te estás diciendo?

por Eric Butterworth

 

En Marcos 5 leemos el relato de una mujer que fue sanada instantáneamente de una hemorragia que había sufrido por largo tiempo. Al ver a Jesús pasar, se levantó de su cama y corrió afuera hacia la multitud. Ella dijo: “Si toco tan sólo su manto, seré salva” (Marcos 5:28). La curación milagrosa puede haber oscurecido el hecho de que su fe fue generada por lo que ella dijo.

Cada uno de nosotros vive en un mundo de su elección, un mundo de conciencia. Muchas cosas te suceden y suceden a tu alrededor, pero las únicas cosas que cuentan realmente son las que nos decimos acerca de lo que ha sucedido. Cada día de tu vida el mundo te dice muchas cosas, mucho de ello es el rumor, el  “dicen”.  “Dicen que a tu edad debes tener achaques…” “Dicen que la economía está en crisis…” “Todo el mundo me dice que es una tontería tener esperanzas…” Pero, ¿qué te estás diciendo tú?

No puedes huir de ti mismo no importa donde vayas. Siempre estás en el medio ambiente que has creado, limitado por tu mentalidad, encerrado por tus ideas e influenciado constantemente por lo que dices. Si tu pensamiento es estrecho, vives en un mundo estrecho. Si tu pensar es sórdido, frío y despiadado, no puedes disfrutar del mundo más amplio en el cual los demás viven … porque cuales son sus pensamientos íntimos, tal es él (Prov. 23:7). Lo que piensas y dices determina la vida que llevas.

Una estudiante de la Verdad con grandes responsabilidades se sentía presionada por el tiempo. Ella había desarrollado el hábito de decir: “Desearía tener tempo para no hacer más que leer y estudiar mi literatura acerca de la Verdad con tranquilidad”.  Poco tiempo después, sufrió una caída y, por estar incapacitada, tuvo tiempo de sobra para leer todos los libros de su biblioteca. Sin embargo, para darle crédito,  cuando se dio cuenta del poder de su autosugestión, se dispuso a corregir la influencia. Comenzó a decirse que era una con la vida perfecta sanadora de Dios, renovada rápida y completamente. Su médico insistía que debía estar inactiva durante muchos meses, pero a la semana  ella estaba de nuevo en pie, dando gracias por la lección que había aprendido acerca de hablar la Verdad.

Una buena ilustración de autosugestión tiene que ver con sentimientos “heridos”. Alguien dice o hace algo que resientes y dices: “me hirió los sentimientos”. En realidad, no te hirieron en lo absoluto. Lo que sucedió fue que te dijiste: “no me gusta eso y me va a doler”. Y el dolor permaneció el tiempo que continuaste diciéndote que estabas herido. También es cierto en términos de dolor físico.

Una niñita se había caído de su bicicleta, raspándose mucho la rodilla. Se sentó en el suelo sobándosela pero aguantando el dolor sin chistar. Un hombre quien vio el accidente le preguntó si la podía ayudar. La niñita le dijo: “Oh, ¡estoy bien!” Y él le preguntó “Pero,  ¿cómo haces para no llorar?” Ella contestó: “Yo simplemente me digo ‘¡no llores!’ y no le presto atención”. Y allí tienes la clave. Debemos aprender a disciplinarnos con respecto a las cosas que nos decimos. Debemos decir sólo lo que deseamos que se convierta en realidad en nuestras vidas y no a lo que le estamos haciendo resistencia o resintiendo. Necesitamos crear el hábito de tener conversaciones calladas con nosotros mismos, darnos ánimo cuando de otro modo nos sentiríamos deprimidos o sin energía.

Casi asusta el descubrir cuantos “discos rayados” de autolimitación oímos entonando la misma melodía de no sentirnos adecuados, de la falta de oportunidades, de haber sido víctimas de maltrato, etc. Haz este experimento: la próxima vez que estés disgustado o descorazonado por lo que ocurre y te encuentres tocando la misma melodía de autolimitación, deja lo que estás haciendo y sal de la habitación por unos minutos. Da un paseo o aléjate de alguna manera, aléjate de ese ambiente. En una charla franca de persona a persona, dite: “No estás actuando como la creación de Dios que eres realmente. Deshazte de ese disco rayado. No eres la criatura limitada que crees ser, sino una creación de Dios con el potencial para ser lo que desees ser. Permite que el pasado muerto entierre lo suyo. Mira hacia adelante con la seguridad de que puedes hacer lo que necesitas hacer y ser lo que deseas ser gracias al poder de tu Cristo morador”.

No existe suerte ni destino que ponga a una persona abajo y a otra arriba. “No está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos, el que seamos dependientes”. La persona inferior es la persona quien se dice que es inferior, y quien insiste en la posición inferior porque piensa que lo mejor está destinado para los demás. Dios pertenece a la persona quien califica para ello por derecho de conciencia.

La persona quien crea el hábito de rechazar el “dicen” del mundo y quien se ayuda a sí mismo diciéndose cosas constructivas ha resuelto uno de los enigmas más grandes de la vida. Cuando seas tentado a caer en el “lodazal del desaliento”, dite: “¡No hagas eso! Eres una creación de Dios radiante, toda sabiduría, toda amor, que puede conquistarlo todo”. No te preocupes por lo que los demás puedan decir o por lo que las apariencias parezcan ser. ¿Qué te estás diciendo?