¿Qué soy?

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Una buena porción de calcio, bastante carbono, cierta cantidad de fósforo, un poco de hierro, algo de nitrógeno, un poquito de esto y una pizca de aquello —somos creados de los mismos elementos que el resto de toda la materia que existe.

Las montañas, los océanos, los árboles, los planetas y las estrellas contienen los mismos elementos que nosotros. ¡Y cuán majestuosos y bellos son! Pero… pero, ellos no pueden escribir poesía o tocar la guitarra o crear obras de arte o erigir edificios o reír y llorar. ¡Y nosotros sí podemos hacerlo!

Una vez que comprendes que la totalidad del universo físico está compuesto de las mismas cosas, es aparente cuán singular y exquisitamente esas “cosas” son juntadas para crearnos.  

¡Qué impulso insaciable hace que la vida se manifieste de forma humana! ¡Qué amor más inmenso nos diseñó! Ninguna magia de la alquimia podría jamás transmutar elementos inertes en carne viva, desarrollar un cerebro y darle a lo creado la habilidad de contemplar al Creador! Mientras más ponderamos acerca de ello, más maravillados nos sentimos acerca de la vida humana.

Es aparente que Dios se deleita en crear. Mas Dios no sólo crea, sino que sostiene y mantiene lo creado. Después de todo, ¡un ser humano es una gran inversión! Las complejidades magníficas del cuerpo son suficientes para maravillarnos. Pero más que eso —mucho más que eso— es el misterio sublime de nuestras mentes y el Espíritu de Dios que se expresa a través de ellas. En un sentido verdadero, cuando nos centramos, somos capaces de darnos cuenta de que la vida en nosotros es Dios.

Si este es un concepto nuevo o extraño para ti, trabaja con él por un tiempo. Todo lo que Dios es puede ser encontrado en ti porque Dios mora en ti. Dios no existe separado de ti o fuera de ti, sino como tú. Tu papel es sencillamente reconocerlo. Y, cuando lo haces, tu búsqueda te lleva en una dirección nueva y todo en tu mundo de repente cambia para bien.