¿Por qué no puede ser como yo quiero?

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

Padre mío, si es possible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”.—Mateo 26:39

La orquesta sinfónica estaba en el escenario, absorta en su afinamiento final y la práctica de último minuto de los complicados pasajes que pronto estarían tocando.

Los violinistas tocaban ruidosamente y sus dedos iban de arriba abajo en los mástiles de sus elegantes instrumentos. Detrás de ellos, los instrumentos de viento ronroneaban sus suaves sonidos. Sentados detrás de los instrumentos de viento estaban los trompetistas, tocando con confundido staccato. En el fondo, otros músicos tocaban con brío sus instrumentos de percusión, afinando sus tímpanos. Todo era una gran cacofonía.

El director estaba de pie en su podio, esperando con paciencia y aplomo el momento correcto. Al fin tomó su batuta y dio golpecitos en el atril frente a él. El estruendo menguó inmediatamente y los músicos prestaron atención. Un silencio envolvió la sala. El concierto estaba a punto de comenzar. Si alguna vez has asistido a un concierto sinfónico, quizás te hayas preguntado: "¿Cómo pueden los músicos, en medio de una confusión de sonidos tan discordantes, oír los golpecitos dados con una varita?" Fácilmente. ¡Lo esperan! ¡Esperan escucharlo!

Como nos habla Dios

Dios te habla con la misma quietud. Olvida la versión cinematográfica en la cual conocemos la voluntad de Dios por medio de una voz hermosa, resonante y profunda. Verdaderamente, la voluntad de Dios para ti llega más bien como un murmullo incambiable que se mueve suavemente en tu conciencia como ondas en la orilla de un lago sereno. Dios te habla en una voz callada y suave como los ligeros golpes dados por la batuta del director. Es un suave empujoncito para dirigirte al bien.

Nunca sabrás la voluntad de Dios al analizar intelectualmente y conjeturar lo que ella es. Dios no habla con palabras, Dios te habla por medio de sentimientos, sueños, percepciones intuitivas, las palabras de otras personas, el amor de otros, relatos inspiradores, un paisaje hermoso, la mirada atenta de un ser amado, el rostro de un niño, y muchos otros modos apacibles, No puedes conocer la voluntad de Dios intelectualmente. Sólo al volverte consciente de la vida, del vivir —sólo al estar despierto— puedes percibir Su voluntad.

La voluntad de Dios para ti es el bien absoluto. ¿Cómo puede ser de otro modo? Si crees que Dios es el Bien puro y perfecto y la creación es la "descendencia" de Dios, luego ¿cómo podría Dios imaginar algo "malo" para Su descendencia? Jesús dijo: "¿Qué hombre hay de vosotros, que Si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

... ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?"—(Mt. 7:9,11).

Tú deseas tales cosas maravillosas para tus hijos, ¿no es cierto? Entonces, ¿cómo podría Dios desear menos para ti? Parece claro que la voluntad de Dios para ti es el bien absoluto. Debes inculcar ese hecho en tus pensamientos y sentimientos. El debe ser el fundamento de todas las decisiones que tomas con respecto a ti y a todos en tu vida. La divinidad dentro de ti está dentro de todos. Está ahí,  ya estés consciente de ella o no. Dejar que esta divinidad se exprese completamente en ti es realmente la voluntad de Dios, porque cuando permites que Su voluntad se haga, todo en tu vida se convierte en bueno. Aún más, se convierte en algo maravilloso más allá de lo que jamás hayas soñado.

Muy bien… pero ¿qué hago ahora?

La pregunta más apremiante que la mayor parte de nosotros nos hacemos no es cuál es la voluntad de Dios para nosotros, en general o a largo plazo. (Aun aquellos cuyo concepto de Dios es el de una Deidad severa y colérica creen que el Creador finalmente quiere el bien para todos. Pero para mucha gente ese bien es condicional, basado en completar con mucho temor un viaje por una senda muy estrecha.  Cualquier desliz augura la condenación a castigo eterno.) La pregunta más urgente en cuanto a la voluntad de Dios es sobre instrucciones más específicas: ¿qué debo hacer ahora?

Es muy difícil para mí cuidar a mi madre enferma, pero me siento culpable en cuanto a ponerla en una residencia de ancianos. ¿Cuál es la voluntad de Dios?
Me han hecho una oferta para un empleo mucho mejor, pero requiere establecerme en un nuevo lugar y mis hijos no quieren ir. ¿Cuál es la voluntad de Dios?
Hace un año que mi hogar está en venta y no lo puedo vender. ¿Cuál es la voluntad de Dios?
He tenido esta relación por dos años y deseo casarme, pero ella no quiere casarse. ¿Cuál es la voluntad de Dios?
Mi hijo se acaba de divorciar y me suplica que lo deje mudar a mi hogar, y yo no estoy muy segura de querer esto. ¿Cuál es la voluntad de Dios?

Estas preguntas son nuestros retos diarios, las decisiones que enfrentamos todos los días y requieren nuestra atención. Parece que cuando llegamos al punto de no saber qué hacer, cuando nuestro pensamiento y raciocinio no nos pueden llevar más lejos, entonces deseamos conocer la voluntad de Dios. "Y, Dios. por favor, no me hables en términos generales y con vaguedad. ¡Dime qué hacer! y dímelo en voz alta, de manera que lo pueda oír".

Pero pregúntate sinceramente, aun cuando Dios te dijera en voz alta qué hacer, ¿escucharías? ¿Seguirías siempre Sus instrucciones? "Dios, ¿qué puedo hacer?

Mi vecino me está volviendo loco todos los días." ¿Qué harías si Dios te diera la contestación en voz resonante y en sonido estereofónico: "Ama a tu vecino como a ti mismo"?

Contestaciones internas

Muy a menudo buscamos respuestas fuera de nosotros a problemas que están en nuestro interior. Recuerda, hay una divinidad dentro de ti. No importa lo que tu problema parezca ser, el problema verdadero rara vez es el problema que ves. El problema verdadero es tu inhabilidad o renuencia para dejar que esa divinidad desenvuelva su plan a través de ti.

Es de la naturaleza humana ver el problema como algo que está "allá fuera" que interfiere con tu felicidad, con tu deseo de ser rico o no ser pobre, ser estimado o no ser despreciado, ser amado o no ser odiado, ser ... o no ser.

Pides respuestas a tus amigos, vecinos y seres amados. Tal vez hasta busques orientación profesional si tu dolor es lo bastante severo. "¿Qué creen que debo hacer?" Puedes terminar obteniendo toda clase de consejos, mas aún no contestan la pregunta: "¿Es esto lo mejor para mí?" Si Dios no está envuelto en la decisión, tomas un riesgo, un gran riesgo.

Puede parecer alarmante al principio, pero a la larga, es infinitamente más fácil entregar tu vida al Espíritu, dejar a Dios tomar todas las decisiones, porque cuando Dios da forma a tu vida, los cambios son apropiados y automáticos. Debemos estar conscientes siempre de que hay un plan más alto y amplio de orden divino perfecto. No podemos comprender totalmente ese plan, mas basta saber que existe y toda vida —no importa cuál sea la apariencia- busca establecer el orden divino.

¿Tiene que ser como nosotros queremos?

Todo eso parece muy bueno, muy oportuno, ¿no es verdad? "Entregar nuestras vidas al Espíritu ... dejar que Dios tome las decisiones." Lo difícil es que a veces nuestros deseos no van a la par con nuestras acciones: deseamos dejar a Dios hacerse cargo. pero en realidad no lo hacemos. Queremos lo que Dios quiere para nosotros. ¡siempre y cuando Dios quiera lo que nosotros queremos!

A menudo resulta, sin embargo, que la Idea divina de lo que es bueno para nosotros no es nada de lo que teníamos en mente. Aun así, a los humanos nos gusta pensar que sabemos lo que es bueno para nosotros y encontramos muy difícil dejar ir y dejar a Dios actuar. Para nosotros es aterrador, es como aventurarnos de nuevo en tierra virgen.

Una vez que tratas de vivir de esta manera, reflexionarás y verás lo correcto que fue. cómo le trajo a un nivel superior con más rapidez y facilidad que lo hubieses hecho tú mismo aun si lo hubieras podido resolver todo. La voluntad de Dios es siempre para tu mayor bien.

En la mejor compañía

Tú no eres el único en desear que los asuntos se resuelvan a tu manera. ¿Leíste la cita de Jesús al principio de esta enseñanza? (Si no lo has hecho, vuelve atrás y léela ahora.) Ella fue dicha con agonía en Getsemaní antes de Su arresto, y fue escrita en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. 

Imagina la escena: Jesús, aun en esa época final de su vida, estaba atormentado entre Su voluntad y la voluntad de Dios. El intuía lo que Le esperaba. Debió haber sido una gran tentación para Él huir y vivir una vida "normal". "Si es posible, pase de mí esta copa." (No quiero hacer esto ... ¿por qué tengo que hacerlo yo. Señor?)

Mas luego El recordó lo que había de mostrarnos. Más que todo, recordó que cuando dejamos que la voluntad de Dios se haga. todo se resuelve siempre para lo mejor, lo más elevado y excelente, si sólo confiamos lo bastante para que esto suceda. Por lo tanto, Jesús recordó y confió. "Pero no sea como yo quiero, sino como tú." (Ahora estoy bien, Dios. Estoy de nuevo en el sendero. Lo perdí por un instante, pero ahora todo está bien.)

Porque El dejó que Dios fuera Dios en El, Jesús pasó por el proceso de resurrección. Si la voluntad humana hubiera prevalecido en esa obscura noche en Getsemaní, el mundo nunca hubiera oído de Jesucristo o Sus enseñanzas transformativas .

La pregunta que has querido hacer

¿Cómo puedes saber si algo es la voluntad de Dios? Nadie puede decírtelo absoluta y seguramente porque requiere un conocimiento interno de tu parte, pero aquí te ofrecemos algunas pautas que pueden ayudarte:

  1. Si resulta para el bien de todos los envueltos, lo más probable es que sea la voluntad de Dios.
  2. Si las situaciones y circunstancias fluyen sin ser forzadas o manipuladas, la probabilidad es que sea la voluntad de Dios.
  3. Mientras haya una luz verde o una puerta abierta, procede adelante. Pasa por ella. Lo más probable es que sea la voluntad de Dios.

La vida es una aventura progresiva. Tenemos que pasar siempre por otra puerta, por otra fase del viaje adelante. Dios siempre nos habla —siempre— pero, ¿cuándo escuchamos? Como los músicos en la orquesta, estamos constantemente tocando con brío nuestras cuerdas, tambores y trompetas, esperando descubrir qué tono tocar. Pero diferente de los músicos, tal vez no escuchemos realmente al Conductor, quien desea dirigirnos en la sinfonía del bien absoluto.

Si deseas verdaderamente conocer la voluntad de Dios para ti, escúchala. Espérala, y cuando la oigas, deja que ella desenvuelva tu vida. Acompáñala adonde quieres que te lleve, porque Su voluntad para ti es el bien absoluto.