¿Cuál es mi lugar?

por Mary-Alice y Richard Jafolla

 

"A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios”.—Marcos 4:11

Una clase de tercer grado era guiada a través del Museo de Historia Natural con su maestra. El guía explicaba pacientemente cada exhibición. "Esta criatura grande es un dinosaurio. Su nombre verdadero es brontosaurio. Vivió hace 80 millones de años. En nuestra próxima exposición hay otro dinosaurio. Es un tiranosaurio de dos patas y carnívoro. En la próxima tenemos el pájaro más grande que jamás haya volado .... " Abriéndose camino por el museo, los niños estaban llenos de admiración ante las raras criaturas con nombres aún más extraños. Finalmente. ellos llegaron a una exhibición que parecía viva la cual representaba hombres y mujeres primitivos Cro-Magnon vestidos con pieles de animales y sentados alrededor de una hoguera. Una niñita miró a esas criaturas extrañas que parecían monos y vio su propia imagen reflejada opacamente sobre el cristal que la separaba de las figuras. "¿Qué soy yo?", la niña le preguntó a su maestra.

¿Has fijado la vista en tus propios ojos en un espejo y has mirado más allá de tu imagen reflejada, más allá de las circunstancias de tu vida, más allá de los detalles de tu nacimiento —tus padres. abuelos, antepasados? ¿Has mirado aún más allá de los reflejos nublosos de los incontables eones que te han traído al lugar donde estás ahora, y te has preguntado: "¿Qué soy yo?"

 

Preguntas que llevan a preguntas

Tú no eres la única persona que preguntas. El "Árbol del Aprendizaje" está atestado de gente que busca una clave. Subiendo por un lado están los científicos que observan. miden, pesan y calculan. "¿Es la luz una partícula o una onda?" "¿Por qué está el universo expandiéndose?" "¿Cuál es la estructura del átomo?" Sus preguntas llevan a contestaciones que llevan a preguntas que llevan a contestaciones que llevan a más preguntas.

Subiendo por el lado opuesto del Árbol están los teólogos que discuten, meditan, piensan, filosofan. "¿Cuál es la naturaleza de Dios?" "¿Dónde está Dios?" "¿Qué es la Verdad?" "¿Por qué estamos aquí?" Sus preguntas llevan a contestaciones que llevan a preguntas que llevan a contestaciones que llevan a más preguntas. Los científicos por un lado del Árbol y los teólogos por el otro lado y toda la gente entre ellos, incluyendo a la niñita del tercer grado, buscan la contestación que está en la hoja más alta de la rama más alta.

La pregunta —¿Qué soy yo?— es la base de todas las investigaciones, desde las científicas hasta las teológicas. De Aristóteles a Einstein, de los escritores del Antiguo Testamento al discípulo Pablo y cada Individuo en el planeta, hallar la respuesta a —¿Qué soy yo? es lo que provoca inconscientemente toda acción en nuestras vidas diarias.

 

¿Es tu “quién” tu “qué”?

Nota que la pregunta no es —¿Quién soy yo? Esto seria muy limitativo. “Soy electricista”. "Soy gerente de oficina”. "Soy enfermera”. “Soy cirujano”. Quién soy define el yo superficial: "Soy Enrique, el hijo de Guillermo". "Soy Margot, la esposa de Enrique”. "Soy Ana”, una alumna del tercer grado en una excursión a un museo. “Soy el que dirige los recorridos en el museo". Muhammad Alí, el gran campeón de boxeo de peso pesado, proclamó: "¡Soy el más grande boxeador del mundo!" De este modo ves que quién soy sólo puede ser una definición temporal.

¿Quién soy yo?" procura definir la suma total de características que componen nuestra '"apariencia" terrenal, nuestro sentido del yo que siempre cambia, nuestra personalidad.

Mas la respuesta a “¿Qué soy yo?”  identifica nuestra individualidad, define nuestro verdadero ser, y éste es el "yo" que todos anhelamos conocer. Ralph Waldo Emerson, filósofo norteamericano, dijo: "El hombre es una parte viviente del universo”. Hay un gran grado de verdad en eso. Somos creaciones de Dios. Eso nos hace "hijos" de Dios y, por lo tanto, somos semejantes a Dios. Esto no quiere decir que somos Dios. No somos Dios así como una ola no es el océano, pero lo creado refleja la naturaleza del creador.

La ola nace del océano, es una "hija" del mar, y aunque nunca puede ser "el océano", ella es, sin embargo, una con él. Como la ola, somos expresiones del universo de Dios. Somos realmente "el universo viviente". Cada uno de nosotros es una congregación de elementos inertes del universo físico —carbono, hidrógeno, nitrógeno, hierro, sodio y muchos otros, y estos no son distintos de los elementos en la Tierra, los otros planetas y las estrellas. Sin embargo. somos una multitud única y vital de esos elementos, capaces de andar, hablar, bailar, cantar, pensar, amar y contemplar nuestro lugar en el universo. ¡Somos parte del universo viviente! El universo no estaría completo sin cada uno de nosotros.